Historia de México/Entre el Imperio y la República (1821-1855)

Los primeros años de México Independiente

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Comienza la vida del México Independiente

El 28 de septiembre de 1821 se instaló una Junta Provisional de Gobierno, encargada de redactar el Acta de Independencia y de organizar un congreso que decidiera la forma de gobierno para el país.

La situación era difícil. Habían muerto seiscientos mil hombres: casi la décima parte de la población y la mitad de los que trabajaban. Minas, campos y fábricas estaban abandonados; casi nadie pagaba impuestos y los gastos del gobierno aumentaban día con día, sobre todo para mantener al ejército.

Hasta entonces las tierras de los indígenas pertenecían a los pueblos y no a las personas. Las trabajaban entre todos los habitantes del pueblo y nadie podía venderlas. Como los indígenas no estaban acostumbrados a que la tierra fuera propiedad privada, la igualdad de todos los mexicanos ante la ley los dejó en desventaja frente a los criollos.

España no reconoció los Tratados de Córdoba que O' Donojú había firmado. No aceptó que México era independiente, y hasta 1825 siguió ocupando el fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Además de España, otros países europeos querían apoderarse de México, para explotar sus riquezas.

A los mexicanos les faltaban armas y dinero, y así tendrían que defenderse. Lo peor era que se encontraban divididos, porque no estaban de acuerdo en la forma de gobierno que debían adoptar: unos querían una república y otros una monarquía. De estos últimos, unos querían que reinara algún príncipe español, y otros que fuera coronado Iturbide.


España no aceptó enviar un príncipe al trono de México y eso reforzó las ambiciones de Iturbide, que quería ser emperador. Sus seguidores ejercieron mucha presión para que éste fuera coronado. Así, el Congreso lo declaró Emperador, con el nombre de Agustín I. La coronación fue muy elegante, pero el imperio duró apenas once meses, hasta marzo de 1823.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, pág. 30.

Independencia

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Evacuada la capital por las tropas españolas, hizo su entrada el ejército Trigarante el 27 de septiembre de 1821. Al día siguiente se estableció una Junta Provisional Gubernativa, compuesta de 34 miembros de las más opuestas ideologías, que después de suscribir el Acta de Independencia del Imperio mexicano nombró una Junta de Regencia, presidida por Iturbide, que tendría el poder hasta que Fernando VII viniese a tomar la corona y que retendría el poder legislativo hasta la elección de un Congreso Constituyente; se marcaron diferencias entre los puntos de vista sostenidos por los diversos grupos liberales y los que defendían los partidarios de Iturbide.

México se hace república

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Los primeros años de México Independiente



El 28 de septiembre de 1821 se instaló una Junta Provisional de Gobierno, encargada de redactar el Acta de Independencia y de organizar un congreso que decidiera la forma de gobierno para el país.

La situación era difícil. Habían muerto 600 000 hombres: casi la décima parte de la población y la mitad de los que trabajaban. Minas, campos y fábricas estaban abandonados; casi nadie pagaba impuestos y los gastos del gobierno aumentaban día con día, sobre todo para mantener al ejército.

Hasta entonces las tierras de los indígenas pertenecían a los pueblos y no a las personas. Las trabajaban entre todos los habitantes del pueblo y nadie podía venderlas. Como los indígenas no estaban acostumbrados a que la tierra fuera propiedad privada, la igualdad de todos los mexicanos ante la ley los dejó en desventaja frente a los criollos.

España no reconoció los Tratados de Córdoba que O' Donojú había firmado. No aceptó que México era independiente, y hasta 1825 siguió ocupando el fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Además de España, otros países europeos querían apoderarse de México, para explotar sus riquezas.

A los mexicanos les faltaban armas y dinero, y así tendrían que defenderse. Lo peor era que se encontraban divididos, porque no estaban de acuerdo en la forma de gobierno que debían adoptar: unos querían una república y otros una monarquía. De estos últimos, unos querían que reinara algún príncipe español, y otros que fuera coronado Iturbide.


España no aceptó enviar un príncipe al trono de México y eso reforzó las ambiciones de Iturbide, que quería ser emperador. Sus seguidores ejercieron mucha presión para que éste fuera coronado. Así, el Congreso lo declaró Emperador, con el nombre de Agustín I. La coronación fue muy elegante, pero el imperio duró apenas once meses, hasta marzo de 1823.


Muchos mexicanos se oponían a Iturbide, y algunos diputados conspiraron en su contra. El emperador disolvió el Congreso y realizó otros cambios políticos. Antonio López de Santa Anna, que era comandante general de la provincia de Veracruz, fue destituido y se rebeló contra Iturbide. Se puso de acuerdo con Guadalupe Victoria, y en febrero de 1823 Santa Anna proclamó el Plan de Casa Mata, que proponía establecer el sistema republicano.

En marzo de 1823 Iturbide renunció al trono y se fue a Europa. Las provincias de Centroamérica (lo que actualmente son Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica), que se habían unido al imperio, se separaron de México. Al año siguiente Iturbide regresó; como en su ausencia el Congreso había decretado que no podía volver a México, bajo pena de muerte, fue fusilado.

Cuando Iturbide dejó el trono, el gobierno quedó en manos de un Supremo Poder Ejecutivo formado por Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, ente otros, que convocó a un segundo Congreso.

Los diputados del nuevo Congreso decidieron que México sería una república. Unos querían que la república fuera federal, formada por la unión de varios estados, libres y soberanos para resolver sus problemas internos. Otros querían que fuera centralista, con provincias o departamentos en lugar de estados, y un poder central que resolviera todos los asuntos. La Constitución de 1824, preparada por este Congreso, se promulgó el 4 de octubre. Se decidió que México fuera una república federal, y que se llamara Estados Unidos Mexicanos.


Además, dicha Constitución declaraba que todos los mexicanos eran iguales, que la única religión sería la católica, y concedía la libertad de imprenta. El Congreso convocó a elecciones, las primeras que hubo en el México independiente; resultaron electos, como presidente Guadalupe Victoria y como vicepresidente Nicolás Bravo.

Los primeros países que reconocieron la independencia de México fueron: Chile, Colombia, Perú, Estados Unidos de América e Inglaterra.

El gobierno de Guadalupe Victoria consiguió que los españoles que todavía estaban en San Juan de Ulúa se rindieran, hizo efectiva la abolición de la esclavitud que había decretado Hidalgo e impulsó la educación. Dos préstamos ingleses le permitieron pagar a tiempo los sueldos del ejército y de los empleados de gobierno. Otros préstamos extranjeros hicieron posible reparar los daños que habían sufrido las minas y ponerlas a funcionar. Comerciantes europeos y estadounidenses se instalaron en México.

Para defender sus intereses, los criollos ricos formaron agrupaciones políticas que se llamaron logias masónicas de rito escocés. Estos grupos formados por partidarios del centralismo se oponían a la república federal. El embajador Poinsett intervino nuevamente en los asuntos internos de México y organizó a la gente de clase media en otras logias, llamadas de rito yorkino, que preferían el sistema federal.

Al terminar el gobierno de Guadalupe Victoria, después de un levantamiento, asumió la presidencia Vicente Guerrero.

Mientras tanto, los españoles se preparaban en Cuba para reconquistar México. Corrió el rumor de que recibirían ayuda de los españoles que estaban en el país, y Guerrero expulsó a estos últimos. La medida tuvo efectos desastrosos, pues los desterrados se llevaron sus riquezas.

Sin recursos suficientes, era difícil resistir las presiones del ejército y del clero que querían conservar las ventajas que habían tenido en los últimos años del virreinato. Era difícil hacer producir los campos, las minas y las fábricas; mejorar y vigilar los caminos. Sin dinero suficiente no había manera de aumentar la riqueza de la nación, de afrontar la amenaza de agresiones extranjeras, ni de mantener la paz.

Con la intención de reconquistar México, el gobierno español envió una expedición, comandada por Isidro Barradas. Los invasores se adueñaron de Tampico en 1829, pero fueron derrotados de inmediato por Santa Anna. Guerrero mandó a su vicepresidente, Anastasio Bustamante, al frente de otro ejército a Jalapa, para contraatacar rápidamente en caso de otra invasión, pero Bustamante aprovechó esas tropas para rebelarse contra Guerrero y apoderarse de la presidencia.

Guerrero se refugió en las montañas del sur. Bustamante pagó, según se dice, cincuenta mil pesos de oro a un marino genovés, Francisco Picaluga, para que le entregara a Guerrero. Picaluga invitó al insurgente a comer a su barco, en Acapulco, y cuando lo tuvo a bordo levó anclas. Guerrero fue acusado de traición y fusilado en Cuilapan, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831. Tras la muerte de Guerrero hubo levantamientos que obligaron a Bustamante a dejar la presidencia.

La primera reforma liberal

Los primeros años de México Independiente

Las nuevas elecciones hicieron presidente a Antonio López de Santa Anna, y vicepresidente a Valentín Gómez Farías. Santa Anna se retiró porque se sintió enfermo, y dejó en su lugar a Gómez Farías.

Durante la primera reforma liberal, Valentín Gómez Farías y el escritor José María Luis Mora estaban convencidos de que era importante liberar al país de los gastos que significaba mantener al clero y al ejército, así como de los privilegios que uno y otro tenían. Crearon el partido reformista, que deseaba la igualdad de todos los mexicanos ante la ley. Fue el partido de los liberales, de los federalistas.

El clero y el ejército deseaban conservar los privilegios (fueros se decía entonces) que habían tenido en el virreinato, como no pagar impuestos o contar con tribunales especiales para juzgar sus faltas. Junto con los grandes propietarios y los comerciantes más ricos, el clero y el ejército formaron el partido de los conservadores, de los centralistas, que encabezaba Lucas Alamán. Querían un gobierno central fuerte, que les parecía una solución para evitar el desorden. Pensaban que el país había perdido la mitad de su territorio y vivía en desorden porque no tenía un gobierno fuerte.


Durante su gobierno, Gómez Farías dictó leyes contra los privilegios del clero y del ejército. Esto provocó una serie de revueltas militares de los conservadores. Se ocasionó un caos tal, que en los siguientes veinticinco años, en los que debió haber habido seis o siete periodos presidenciales (entonces de cuatro años y no de seis como ahora) ocuparon veintiún personajes la presidencia en cuarenta y tres ocasiones. En este tiempo, Santa Anna fue presidente 11 veces.

Los conservadores pensaron que hacía falta cambiar la Constitución, y en 1837 promulgaron otra, llamada de las Siete Leyes. Esa Constitución establecía el gobierno republicano central. Los estados dejaban de tener su propio gobierno y pasaban a ser departamentos, con un gobernador nombrado por el gobierno nacional. Este cambio provocó malestar en algunas regiones del país.

La independencia de Texas y la Guerra de los Pasteles

Los primeros años de México Independiente

Desde tiempos del Virreinato, algunos norteamericanos obtuvieron permiso para instalarse en Texas, que era parte de la Nueva España. Después de la independencia, continuaron llegando colonos estadounidenses y, con el tiempo, llegaron a ser más que los mexicanos.

Tenían costumbres diferentes, hablaban inglés y no querían vivir sujetos a las leyes ni a los impuestos de México. Muchos de ellos fueron siempre partidarios de separarse de México, y en 1835 se declararon independientes.


Santa Anna marchó al norte para someterlos. Su ejército llegó en malas condiciones, tras cruzar las zonas desérticas del norte del país, pero en las primeras batallas resultó victorioso. Sin embargo, mientras acampaba a orillas del río San Jacinto, los texanos lo sorprendieron y lo tomaron prisionero. La guerra podría haber continuado, aunque él estuviera preso, pero para recobrar la libertad hizo un pacto con el jefe de los texanos, y ordenó a su segundo que se retirara con el ejército.

Vicente Filisola obedeció, pese a la oposición de otros generales, y Santa Anna reconoció la independencia de Texas.

Otro problema surgió: Francia reclamó el pago de daños ocasionados a ciudadanos franceses durante las revueltas ocurridas en México. Muchas de las deudas que se querían cobrar eran exageradas; por ejemplo, un pastelero francés de Puebla reclamaba los pasteles perdidos en un motín. Por eso le llamamos la Guerra de los Pasteles.

México quería pagar, pero no tenía dinero. Entonces los franceses cañonearon Veracruz, en 1838. En estos combates Santa Anna fue herido y perdió una pierna. No había dinero para pagar, ni para organizar la defensa, por lo que México tuvo que solicitar nuevos préstamos y pagó a Francia una cantidad injusta y exagerada.

La guerra con los Estados Unidos de América

Los primeros años de México Independiente

La situación del país era cada vez peor. Poca gente pagaba impuestos y el gobierno no podía cubrir los gastos de la administración. Las deudas, los pleitos entre los propios mexicanos y la inseguridad aumentaban. En el norte, algunas tribus indígenas no habían sido totalmente sometidas y asaltaban los poblados; en Yucatán los mayas se rebelaron contra los habitantes de las ciudades, por causa de las injusticias que se cometían contra ellos.

Como casi todos los pobladores de Texas eran de origen norteamericano, en 1845 este territorio decidió unirse a los Estados Unidos de América.

La unión de Texas a los Estados Unidos y la ambición de ese país de apoderarse de territorio mexicano provocaron la guerra con los Estados Unidos. El límite de Texas era el río Nueces, pero al unirse a los Estados Unidos de América los texanos dijeron que su frontera llegaba hasta el río Bravo (o Grande), más al sur. México protestó, pero los estadounidenses ocuparon el territorio entre los dos ríos. Hubo enfrentamientos entre soldados mexicanos y norteamericanos, y con ese pretexto los Estados Unidos declararon la guerra a México.


Un ejército estadounidense tomó Matamoros y luego Monterrey; otro ocupó Nuevo México y California. Un tercero desembarcó en Veracruz, atravesó ese estado y el de Puebla, y puso sitio a la capital. Los mexicanos no tenían un buen ejército, armas suficientes, ni dinero. Además, seguían divididos: liberales y conservadores luchaban entre ellos, mientras los norteamericanos avanzaban hacia la ciudad de México.

No hubo victorias para los mexicanos, en esta guerra, pero sí heroísmo y sacrificio. Santa Anna estuvo a punto de lograr el triunfo en la batallas de La Angostura, en febrero de 1847, pero su acostumbrada falta de constancia y de responsabilidad lo hizo fracasar, como sucedería en el mes siguiente en cerro Gordo. Veracruz fue defendido por todos sus habitantes, pero cayó en marzo, tras veinte días de combate

En la batalla de Churubusco, en agosto, el general Pedro María Anaya finalmente tuvo que rendirse.

Las batallas de Molino del Rey y de Chapultepec se libraron del ocho al trece de septiembre de 1847. En esta última se batieron gloriosamente el general Nicolás Bravo y el coronel Santiago Felipe Xicoténcatl, que murió en la acción. También perdieron la vida seis de los cadetes que estudiaban en el Colegio Militar. Nosotros veneramos la memoria de esa defensa en la figura de los Niños Héroes: Juan de la Barrera, Juan Escutia, Francisco Márquez, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca y Vicente Suárez.

Todos los sacrificios, todo el heroísmo del pueblo mexicano fueron inútiles. La toma de la ciudad de México ocurrió el 14 de septiembre de 1847, y ese día los mexicanos vieron ondear la bandera enemiga en el Palacio Nacional. La ocupación duró nueve meses.

Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas. Para terminar la ocupación, México fue obligado a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual perdió Nuevo México, la Alta California, Texas y la parte de Tamaulipas que está entre los ríos Nueces y Bravo. Recibió quince millones de pesos. El país vio reducido su territorio a poco menos de la mitad pero la guerra hizo que los mexicanos por primera vez sintieran la necesidad de estar unidos.

Los presidentes que siguieron, José Joaquín de Herrera y Mariano Arista, hicieron grandes esfuerzos por reorganizar el gobierno, pero en 1853 volvió al poder Santa Anna y mal gobernó al país durante los dos años siguientes.

CONSTITUCIÓN DE 1857 Y LEYES DE REFORMA

ANTECEDENTES

A mediados del siglo XIX (recuerda que son los años 1800-1899) existían dos partidos políticos en nuestro país: el conservador y el liberal. Los dos querían mejorar la situación, pero no estaban de acuerdo en la forma de conseguir lo que el país necesitaba.

De 1833 a 1855, Antonio López de Santa Anna participó constantemente en la política. Intervino en muchos golpes militares, luchas internas y tropiezos económicos que vivió México. Lo mismo los liberales que los conservadores, muchas veces lo buscaron para que se hiciera cargo de la presidencia del país.

La última ocasión en que sucedió esto fue en 1853. Con el propósito de acabar con el desorden, los conservadores formaron un gobierno centralista, y para encabezarlo trajeron del destierro a Santa Anna.

El gobierno de éste se convirtió en una dictadura; el presidente suprimió los derechos y las libertades individuales, e impuso su voluntad personal. Vendió a los Estados Unidos el territorio de La Mesilla, cobró impuestos sobre coches, ventanas y perros y, finalmente, hizo que lo llamaran Alteza Serenísima. Con todo eso, el descontento se generalizó.

En 1854 un antiguo insurgente, Juan Álvarez, se levantó contra Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla. Este exigía que Santa Anna dejara el poder y que se convocara un nuevo Congreso para que elaborara una constitución. La revolución de Ayutla, como se llamó a este movimiento, se extendió rápidamente. El dictador salió de México y desapareció del escenario político. Regresaría después de la muerte de Benito Juárez (1872), para morir en su país, en 1876.

Los liberales en el poder

Con el triunfo de la revolución de Ayutla, llegó al poder una nueva generación de liberales, casi todos civiles. Entre ellos, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto. Una junta nombró presidente interino al general Juan Álvarez y después a Ignacio Comonfort. También convocó a un Congreso que trabajaría en una nueva constitución.

El equipo de Comonfort preparó algunas leyes que promovieron cambios importantes.

La Ley Juárez (por Benito Juárez), de 1855, suprimía los privilegios del clero y del ejército, y declaraba a todos los ciudadanos iguales ante la ley.

La Ley Lerdo (por Miguel Lerdo de Tejada), de 1856, obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender las casas y terrenos que no estuvieran ocupando a quienes los arrendaban, para que esos bienes produjeran mayores riquezas, en beneficio de más personas.

La Ley Iglesias (por José María Iglesias), de 1857, regulaba el cobro de derechos parroquiales.

La Constitución de 1857

Finalmente el Congreso promulgó la nueva Constitución el 5 de febrero de 1857.

Esta declaraba la libertad de enseñanza, de imprenta, de industria, de comercio, de trabajo y de asociación. Volvía a organizar al país como una república federal. Entre otras cosas, incluía un capítulo dedicado a las garantías individuales, y un procedimiento judicial para proteger esos derechos conocido como amparo. También apoyaba la autonomía de los municipios, en que se dividen los estados desde un punto de vista político.

El presidente Comonfort temía que las ideas liberales de la Constitución provocaran un conflicto social y decidió no aplicarla. Los conservadores, dirigidos por Félix María Zuloaga, se rebelaron contra la Constitución. Comonfort intentó negociar con los sublevados pero fracasó, dejó la presidencia y finalmente abandonó el país.


La Constitución de 1857.

Pintura alegórica de Petronil Monroy, siglo XIX

Las Leyes de Reforma

De acuerdo con la Constitución, al faltar el Presidente de la República, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, que era Benito Juárez, asumió la presidencia del país. Pero, los conservadores no acataron el mandato constitucional y por su cuenta nombraron como presidente a Zuloaga y se apoderaron de la capital. Esto provocó que hubiera dos presidentes, y que estallara la Guerra de Tres Años (1858-1861), o Guerra de Reforma, entre liberales y conservadores.

Al principio las victorias fueron de los conservadores. Juárez tuvo que trasladar su gobierno a Guanajuato y a Guadalajara. En esta ciudad estuvo a punto de morir. Juárez salió del país por Manzanillo, pasó por Panamá para ir a La Habana y Nueva Orleáns, regresó por Veracruz y allí instaló su gobierno y promulgó las Leyes de Reforma. Su propósito esencial fue separar la Iglesia y el Estado. En adelante, la Iglesia no debería tomar parte en los asuntos del Estado. A esto se le llamó el Movimiento de Reforma.

Etapas del Movimiento de Reforma


En el Movimiento de Reforma debemos distinguir principalmente cuatro etapas:

1) Como antecedente, la reforma de Valentín Gómez Farías, de1833. 2) La segunda reforma, que consta de las leyes Lerdo, Juárez e Iglesias. 3) La Constitución de 1857, en que triunfaron los liberales moderados. 4) Las Leyes de Reforma o de guerra de contenido radical.

Estas últimas comprenden las siguientes leyes:

Nacionalización de Bienes Eclesiásticos (1859)

Matrimonio Civil (1859)

Registro civil (1859)

Secularización de Cementerios (1859)

Días Festivos (1859)

Libertad de cultos (1860)

Hospitales y Beneficencia (1861)

Extinción de Comunidades Religiosas (1863)


En enero de 1861, después de que Jesús González Ortega derrotó en Calpulalpan al ejército conservador de Miguel Miramón, el presidente Juárez retornó victorioso a la ciudad de México.

El imperio de Maximiliano

La intervención francesa

La victoria de los liberales fue difícil. Los conservadores no se resignaron a la derrota y emprendieron una guerra de guerrillas. Los problemas económicos del país eran tan grandes que en 1862 Juárez se vio obligado a decretar que durante dos años México dejaría de pagar las deudas que tenía con España, Francia e Inglaterra.

Una parte de la deuda se debía a préstamos solicitados desde tiempo atrás por los diversos gobiernos de México. Lo mismo liberales que conservadores. Otra parte era por reclamaciones de extranjeros residentes en México cuyas propiedades habían sufrido daños durante las revoluciones. Francia, España e Inglaterra enviaron sus flotas de guerra a ocupar Veracruz, para exigir el pago.


En ese tiempo Veracruz era un lugar malsano, donde abundaban las enfermedades. Por ello, el gobierno de Juárez permitió que los soldados extranjeros se instalaran en Córdoba, Orizaba y Tehuacán mientras se discutía el problema, con el compromiso de retirarse en cuanto se llegara a un acuerdo. Los ingleses y los españoles vieron que Juárez garantizaba que México pagaría tan pronto como fuera posible, y se marcharon.

En cambio los franceses no cumplieron con lo pactado. El emperador Napoleón III quería formar un gran imperio que se extendiera por América. Así que aprovecharon la ventaja de hallarse en Orizaba, y avanzaron hacia la ciudad de México con un ejército numeroso y bien disciplinado, al que se sumaron las tropas conservadoras que quedaban. Aquellos conservadores que habían creído siempre que México debía ser una monarquía, veían en esta intervención la oportunidad de derrotar a los liberales y suprimir la república.

El 5 de mayo de 1862 el general francés Conde de Lorencez atacó la ciudad de Puebla, que defendía el general Ignacio Zaragoza. Puebla estaba protegida por los fuertes de Loreto y Guadalupe. Los franceses atacaron con fuerza, pero tres veces los mexicanos resistieron el ataque y finalmente vencieron a los invasores.

Sin embargo, siguieron llegando a Veracruz tropas francesas, hasta completar treinta mil hombres. En marzo del año siguiente, el Ejército francés, más numeroso y mejor entrenado y equipado que el mexicano, volvió a atacar Puebla. Las tropas mexicanas estaban ahora dirigidas por Jesús González Ortega, pues Zaragoza había muerto.

Los franceses entraron a Puebla el 19 de mayo, en medio de la alegría de los conservadores. En junio tomaron la ciudad de México, mientras el presidente Juárez se retiraba, con el gobierno legítimo, a San Luis Potosí.

Juárez luchó por la soberanía nacional, por sostener el gobierno electo de acuerdo con las leyes mexicanas. Sin dinero y con pocas armas, viajando de un lugar a otro hasta instalarse en Paso del Norte (hoy ciudad Juárez) el gobierno de Juárez mantuvo un larga lucha contra la intervención extranjera. Desde donde se encontrara, Juárez iba dirigiendo los movimientos de los ejércitos nacionales, que comandaban Mariano Escobedo, Ramón Corona y Porfirio Díaz, y que mantuvieron una resistencia heroica y tenaz.

El imperio de Maximiliano

Los conservadores mexicanos consiguieron que el emperador de Francia, Napoleón III, que quería formar un gran imperio y frenar el crecimiento de los Estados Unidos de América, se interesara en imponer como gobernante de México a un príncipe europeo.

El escogido fue el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien creyó a los conservadores, que lo convencieron de que sería bien recibido, y aceptó la corona. Llegó a México en 1864, con su esposa, la princesa belga Carlota Amalia; su gobierno duraría tres años. Era un hombre culto, de ideas liberales. Esto le hizo perder la simpatía de la Iglesia católica y algunos apoyos entre los conservadores.


Maximiliano de Hasburgo, retratado por Velarde, hacia 1866.

La mayoría de los mexicanos defendieron la soberanía de su país y respaldaron a Juárez que representaba el gobierno nacional. Presionado por los Estados Unidos de América, Napoleón III retiró de México sus tropas gracias a las cuales Maximiliano se había sostenido; para los liberales fue entonces más fácil derrotar a los invasores. Porfirio Díaz tomó Puebla. Ramón Corona y Mariano Escobedo sitiaron a Maximiliano en Querétaro. El emperador se rindió y en junio de 1867 fue fusilado junto con sus generales mexicanos, Tomás Mejía y Miguel Miramón. Desde entonces, nadie ha vuelto a proponer un gobierno monárquico para México.


LA CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO MEXICANO


Benito Juárez.

Pintado por Pelegrín Clavé, hacia 1860.

El 15 de julio de 1867, la capital de México se vistió de fiesta para recibir a Juárez, que retornaba victorioso. Con su triunfo se consolidaba la república, que había sido amenazada y atacada por el imperio de Maximiliano y que la tenacidad del presidente constitucional y de sus colaboradores más cercanos, así como la resistencia del pueblo, habían logrado sostener.

A los diez años siguientes, época en que se afianzó el gobierno republicano, se les llama a veces la República Restaurada aunque, en realidad, la firmeza ejemplar del gobierno de Juárez logró que la república no desapareciera nunca.

Con el triunfo de Juárez y gracias al respeto que su gobierno tuvo por la Constitución y por las Leyes de Reforma, se consolidó el Estado mexicano. Disminuyó el desorden político, y México comenzó a ser una república vigilante de sus leyes.

En esa época se promulgaron leyes que fortalecieron la educación pública, y hubo más escuelas gratuitas que el gobierno sostenía para los niños. En 1873, además, se inauguró la primera línea de ferrocarril, de la ciudad de México a Veracruz.

El Porfiriato

La paz porfirista

Juárez ocupó la presidencia desde 1858 hasta su muerte, en 1872. El año anterior Juárez había sido reelecto, y el general Porfirio Díaz se levantó en armas para protestar, pero fue derrotado. Unos meses después, al morir Juárez, de acuerdo con las leyes asumió la presidencia Sebastián Lerdo de Tejada, que era el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Cuatro años más tarde, en 1876, cuando Lerdo de Tejada buscó que lo reeligieran, Díaz volvió a rebelarse; esta vez tuvo éxito y tomó el poder.

Cuando se levantó en armas contra Juárez y contra Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz sostenía el principio de la "no reelección"; estaba en contra de que el presidente volviera a ser electo.


Pero después él mismo se reeligió muchas veces. Su gobierno fue verdaderamente largo, de 1876 a 1911, con dos interrupciones: una de dos meses, entre 1876 y 1877, en que dejó el poder a Juan N. Méndez, y otra entre 1880 y 1884, cuando gobernó Manuel González.

El pueblo mexicano estaba hastiado del desorden y la guerra, y Díaz se propuso imponer la paz a cualquier costo. México no tenía dinero, ni se lo querían prestar en ningún lado, porque no había pagado sus deudas con puntualidad. Había que atraer capital extranjero, pero nadie invertiría en México si no había estabilidad y paz.

Con mano dura, Porfirio Díaz trató de eliminar las diferencias de opiniones sobre asuntos de política, y se dedicó a mejorar el funcionamiento del gobierno."Poca política y mucha administración" era el lema de ese tiempo. La paz no fue total, pero Díaz consiguió mantener el orden mediante el uso de la fuerza pública. Policías y soldados persiguieron lo mismo a los bandoleros que todo intento de oposición. Con el orden, aumentó el trabajo y se hizo posible el desarrollo económico, pues el país contaba con recursos y los empresarios podían obtener buenas ganancias.

Sin embargo, a medida que pasó el tiempo fue creciendo el descontento por la miseria en que vivía la mayoría de la gente y porque Díaz tenía demasiado tiempo en el poder. Cada vez fue más difícil mantener el orden. En los últimos años del Porfiriato se vivía en un clima de represión. La fuerza de las armas se utilizó con violencia creciente. De eso dan muestra la torpeza con que se negociaron y la dureza con que se reprimieron las huelgas de Cananea (1906), en Sonora, y de Río Blanco (1907), en Veracruz, así como la manera en que se persiguió a los periodistas que criticaban al régimen y a cualquiera que manifestara una opinión que no fuera la oficial.

La prosperidad porfiriana

Durante el largo tiempo en que gobernó Díaz se realizaron obras importantes en varios puertos, y se tendieron 20,000 kilómetros de vías férreas. Las líneas de ferrocarril se trazaron hacia los puertos más importantes y hacia la frontera con los Estados Unidos de América para facilitar el intercambio comercial.


Muchos mexicanos se oponían a Iturbide, y algunos diputados conspiraron en su contra. El emperador disolvió el Congreso y realizó otros cambios políticos. Antonio López de Santa Anna, que era comandante general de la provincia de Veracruz, fue destituido y se rebeló contra Iturbide. Se puso de acuerdo con Guadalupe Victoria, y en febrero de 1823 Santa Anna proclamó el Plan de Casa Mata, que proponía establecer el sistema republicano.

En marzo de 1823 Iturbide renunció al trono y se fue a Europa. Las provincias de Centroamérica (lo que actualmente son Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica), que se habían unido al imperio, se separaron de México. Al año siguiente Iturbide regresó; como en su ausencia el Congreso había decretado que no podía volver a México, bajo pena de muerte, fue fusilado.

Cuando Iturbide dejó el trono, el gobierno quedó en manos de un Supremo Poder Ejecutivo formado por Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, ente otros, que convocó a un segundo Congreso.

Los diputados del nuevo Congreso decidieron que México sería una república. Unos querían que la república fuera federal, formada por la unión de varios estados, libres y soberanos para resolver sus problemas internos. Otros querían que fuera centralista,con provincias o departamentos en lugar de estados, y un poder central que resolviera todos los asuntos. La Constitución de 1824, preparada por este Congreso, se promulgó el 4 de octubre. Se decidió que México fuera una república federal, y que se llamara Estados Unidos Mexicanos. Además, dicha Constitución declaraba que todos los mexicanos eran iguales, que la única religión sería la católica, y concedía la libertad de imprenta. El Congreso convocó a elecciones, las primeras que hubo en el México independiente; resultaron electos, como presidente Guadalupe Victoria y como vicepresidente Nicolás Bravo.

Los primeros países que reconocieron la independencia de México fueron: Chile, Colombia, Perú, Estados Unidos de América e Inglaterra.

El gobierno de Guadalupe Victoria consiguió que los españoles que todavía estaban en San Juan de Ulúa se rindieran, hizo efectiva la abolición de la esclavitud que había decretado Hidalgo e impulsó la educación. Dos préstamos ingleses le permitieron pagar a tiempo los sueldos del ejército y de los empleados de gobierno. Otros préstamos extranjeros hicieron posible reparar los daños que habían sufrido las minas y ponerlas a funcionar. Comerciantes europeos y estadounidenses se instalaron en México.

Para defender sus intereses, los criollos ricos formaron agrupaciones políticas que se llamaron logias masónicas de rito escocés. Estos grupos formados por partidarios del centralismo se oponían a la república federal. El embajador Poinsett intervino nuevamente en los asuntos internos de México y organizó a la gente de clase media en otras logias, llamadas de rito yorkino,que preferían el sistema federal.

Al terminar el gobierno de Guadalupe Victoria, después de un levantamiento, asumió la presidencia Vicente Guerrero.

Mientras tanto, los españoles se preparaban en Cuba para reconquistar México. Corrió el rumor de que recibirían ayuda de los españoles que estaban en el país, y Guerrero expulsó a estos últimos. La medida tuvo efectos desastrosos, pues los desterrados se llevaron sus riquezas.

Sin recursos suficientes, era difícil resistir las presiones del ejército y del clero que querían conservar las ventajas que habían tenido en los últimos años del virreinato. Era difícil hacer producir los campos, las minas y las fábricas; mejorar y vigilar los caminos. Sin dinero suficiente no había manera de aumentar la riqueza de la nación, de afrontar la amenaza de agresiones extranjeras, ni de mantener la paz.

Con la intención de reconquistar México, el gobierno español envió una expedición, comandada por Isidro Barradas. Los invasores se adueñaron de Tampico en 1829, pero fueron derrotados de inmediato por Santa Anna. Guerrero mandó a su vicepresidente, Anastasio Bustamante, al frente de otro ejército a Jalapa, para contratacar rápidamente en caso de otra invasión, pero Bustamante aprovechó esas tropas para rebelarse contra Guerrero y apoderarse de la presidencia.

Guerrero se refugió en las montañas del sur. Bustamante pagó, según se dice, cincuenta mil pesos de oro a un marino genovés, Francisco Picaluga, para que le entregara a Guerrero. Picaluga invitó al insurgente a comer a su barco, en Acapulco, y cuando lo tuvo a bordo levó anclas. Guerrero fue acusado de traición y fusilado en Cuilapan, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831. Tras la muerte de Guerrero hubo levantamientos que obligaron a Bustamante a dejar la presidencia.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, págs. 31 - 33.

La primera reforma liberal

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Los primeros años de México Independiente

Las nuevas elecciones hicieron presidente a Antonio López de Santa Anna, y vicepresidente a Valentín Gómez Farías. Santa Anna se retiró porque se sintió enfermo, y dejó en su lugar a Gómez Farías.

Durante la primera reforma liberal, Valentín Gómez Farías y el escritor José María Luis Mora estaban convencidos de que era importante liberar al país de los gastos que significaba mantener al clero y al ejército, así como de los privilegios que uno y otro tenían. Crearon el partido reformista, que deseaba la igualdad de todos los mexicanos ante la ley. Fue el partido de los liberales, de los federalistas.

El clero y el ejército deseaban conservar los privilegios (fueros se decía entonces) que habían tenido en el virreinato, como no pagar impuestos o contar con tribunales especiales para juzgar sus faltas. Junto con los grandes propietarios y los comerciantes más ricos, el clero y el ejército formaron el partido de los conservadores, de los centralistas, que encabezaba Lucas Alamán. Querían un gobierno central fuerte, que les parecía una solución para evitar el desorden. Pensaban que el país había perdido la mitad de su territorio y vivía en desorden porque no tenía un gobierno fuerte.


Durante su gobierno, Gómez Farías dictó leyes contra los privilegios del clero y del ejército. Esto provocó una serie de revueltas militares de los conservadores. Se ocasionó un caos tal, que en los siguientes veinticinco años, en los que debió haber habido seis o siete periodos presidenciales (entonces de cuatro años y no de seis como ahora) ocuparon veintiun personajes la presidencia en cuarenta y tres ocasiones. En este tiempo, Santa Anna fue presidente 11 veces.

Los conservadores pensaron que hacía falta cambiar la Constitución, y en 1836 promulgaron otra, llamada de las Siete Leyes. Esa Constitución establecía el gobierno republicano central. Los estados dejaban de tener su propio gobierno y pasaban a ser departamentos, con un gobernador nombrado por el gobierno nacional. Este cambio provocó malestar en algunas regiones del país.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, págs. 33 y 34.

Antonio López de Santa Anna

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(1833 - 1855)


Antonio López de Santa Anna participó constantemente en la política. Intervino en muchos de los golpes militares y tropiezos económicos que vivió México. Santa Anna era vanidoso, juerguista, inconstante; pero al mismo tiempo era astuto, capaz de organizar ejércitos con poco dinero y valiente en el combate. Nunca fue un buen gobernante, pero sabía dominar la situación y hacerse querer por la gente. Lo mismo los liberales que los conservadores, muchas veces lo buscaron para que se hiciera cargo de la presidencia del país. La última ocasión en que sucedió en 1855. Con el propósito de acabar con el desorden, los conservadores formaron un gobierno centralista, y para encabezarlo trajeron del destierro a Santa Anna. El militar, que tenía entonces sesenta y tres años, fue recibido en la ciudad de México con música carabanas y balcones adornados.

Pese a tantas manifestaciones públicas de alegría, el gobierno de Santa Anna se convirtió en una dictadura; el presidente suprimió los derechos y las libertades individuales, e impuso su voluntad personal.

Vendió a los Estados Unidos de América el territorio de La Mesilla, cobró impuestos sobre el clero, se dedicó a asistir a juntas y, finalmente, hizo que lo llamaran Alteza Serenísima. Con todo eso, el descontento se cargo.

En 1854 un antiguo insurgente, Juan O´donoju, se encontró con Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla. Este exigía que Santa Anna dejara esto y que se convocara un nuevo Congreso para que elaborara una constitución. La revolución de Ayutla, como se llamó a este movimiento, se extendió rápidamente. El dictador salió de Washington y regresaría después de la muerte de Benito Juárez (1872), para morir en su país, en 1876.

Fuente: SEP, Historia de México

1999, págs. 42 y 44.

Valentín Gómez Farías

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(1781 - 1858)

Valentín Gómez Farías nació en Guadalajara, Jalisco. Fue médico. En 1833, cuando Antonio López de Santa Anna fue presidente, Gómez Farías ocupó la vicepresidencia. Como Santa Anna dejó su cargo varias veces, Gómez Farías pudo desarrollar en apenas un año una actividad muy intensa en favor de las ideas liberales. Sus reformas pretendían otorgar la libertad de prensa, acabar con los privilegios del clero y del Ejército, ampliar la instrucción pública, y mejorar las condiciones de vida de los indígenas. Gómez Farías dictó las leyes para organizar la Biblioteca Nacional, un Establecimiento de Ciencias Médicas y un Establecimiento de Bellas Artes.

Las leyes que dictó contra los privilegios del clero y del Ejército provocaron una serie de revueltas militares de los conservadores. Se ocasionó un caos tal, que en los siguientes veinticinco años, en los que debió haber habido seis o siete períodos presidenciales (entonces de cuatro años y no de seis como ahora), ocuparon la presidencia de la república veintiun personajes, en cuarenta y tres ocasiones.

Uno de ellos, Santa Anna, entre elecciones, invitaciones, entradas y salidas, fue presidente once veces.

En buena medida, ese desorden se debía a que el Ejército era muy numeroso y no estaba bien disciplinado. Ocasionaba grandes gastos y los jefes militares se levantaban en armas en cuanto se sentían descontentos. Los sucesivos gobiernos eran siempre débiles e inestables.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, pág. 34.

Lucas Alamán

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(1792-1853) Fue un luchador

La independencia de Texas y la Guerra de los Pasteles

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Desde tiempos del Virreinato, algunos norteamericanos obtuvieron permiso para instalarse en Texas, que era parte de la Nueva España. Después de la independencia, continuaron llegando colonos estadounidenses y, con el tiempo, llegaron a ser más que los mexicanos.

Tenían costumbres diferentes, hablaban inglés y no querían vivir sujetos a las leyes ni a los impuestos de México. Muchos de ellos fueron siempre partidarios de separarse de México, y en 1835 se declararon independientes.

Santa Anna marchó al norte para someterlos. Su ejército llegó en malas condiciones, tras cruzar las zonas desérticas del norte del país, pero en las primeras batallas resultó victorioso. Sin embargo, mientras acampaba a orillas del río San Jacinto, los texanos lo sorprendieron y lo tomaron prisionero. La guerra podría haber continuado, aunque él estuviera preso, pero para recobrar la libertad hizo un pacto con el jefe de los texanos, y ordenó a su segundo que se retirara con el ejército.

Vicente Filisola obedeció, pese a la oposición de otros generales, y Santa Anna reconoció la independencia de Texas.

Otro problema surgió: Francia reclamó el pago de daños ocasionados a ciudadanos franceses durante las revueltas ocurridas en México. Muchas de las deudas que se querían cobrar eran exageradas; por ejemplo, un pastelero francés de Puebla reclamaba los pasteles perdidos en un motín. Por eso le llamamos la Guerra de los Pasteles.

México quería pagar, pero no tenía dinero. Entonces los franceses cañonearon Veracruz, en 1838. En estos combates Santa Anna fue herido y perdió una pierna. No había dinero para pagar, ni para organizar la defensa, por lo que México tuvo que solicitar nuevos préstamos y pagó a Francia una cantidad injusta y exagerada.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, págs. 35 y 36.

La guerra con los Estados Unidos de América

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Los primeros años de México Independiente

La situación del país era cada vez peor. Poca gente pagaba impuestos y el gobierno no podía cubrir los gastos de la administración. Las deudas, los pleitos entre los propios mexicanos y la inseguridad aumentaban. En el norte, algunas tribus indígenas no habían sido totalmente sometidas y asaltaban los poblados; en Yucatán los mayas se rebelaron contra los habitantes de las ciudades, por causa de las injusticias que se cometían contra ellos.

Como casi todos los pobladores de Texas eran de origen norteamericano, en 1845 este territorio decidió unirse a los Estados Unidos de América.

La unión de Texas a los Estados Unidos y la ambición de ese país de apoderarse de territorio mexicano provocaron la guerra con los Estados Unidos. El límite de Texas era el río Nueces, pero al unirse a los Estados Unidos de América los texanos dijeron que su frontera llegaba hasta el río Bravo (o Grande), más al sur. México protestó, pero los estadounidenses ocuparon el territorio entre los dos ríos. Hubo enfrentamientos entre soldados mexicanos y norteamericanos, y con ese pretexto los Estados Unidos declararon la guerra a México. Un ejército estadounidense tomó Matamoros y luego Monterrey; otro ocupó Nuevo México y California. Un tercero desembarcó en Veracruz, atravesó ese estado y el de Puebla, y puso sitio a la capital. Los mexicanos no tenían un buen ejército, armas suficientes, ni dinero. Además, seguían divididos: liberales y conservadores luchaban entre ellos, mientras los norteamericanos avanzaban hacia la ciudad de México.

No hubo victorias para los mexicanos, en esta guerra, pero sí heroísmo y sacrificio. Santa Anna estuvo a punto de lograr el triunfo en la batallas de La Angostura, en febrero de 1847, pero su acostumbrada falta de constancia y de responsabilidad lo hizo fracasar, como sucedería en el mes siguiente en cerro Gordo. Veracruz fue defendido por todos sus habitantes, pero cayó en marzo, tras veinte días de combate.

En la batalla de Churubusco, en agosto, el general Pedro María Anaya finalmente tuvo que rendirse.

Las batallas de Molino del Rey y de Chapultepec se libraron del ocho al trece de septiembre de 1847. En esta última se batieron gloriosamente el general Nicolás Bravo y el coronel Santiago Felipe Xicoténcatl, que murió en la acción. También perdieron la vida seis de los cadetes que estudiaban en el Colegio Militar. Nosotros veneramos la memoria de esa defensa en la figura de los Niños Héroes: Juan de la Barrera, Juan Escutia, Francisco Márquez, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca y Vicente Suárez.

Todos los sacrificios, todo el heroísmo del pueblo mexicano fueron inútiles. La toma de la ciudad de México ocurrió el 14 de septiembre de 1847, y ese día los mexicanos vieron ondear la bandera enemiga en el Palacio Nacional. La ocupación duró nueve meses.

Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas. Para terminar la ocupación, México fue obligado a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual perdió Nuevo México, la Alta California, Texas y la parte de Tamaulipas que está entre los ríos Nueces y Bravo. Recibió quince millones de pesos. El país vio reducido su territorio a poco menos de la mitad pero la guerra hizo que los mexicanos por primera vez sintieran la necesidad de estar unidos.

Los presidentes que siguieron, José Joaquín de Herrera y Mariano Arista, hicieron grandes esfuerzos por reorganizar el gobierno, pero en 1853 volvió al poder Santa Anna y malgobernó al país durante los dos años siguientes.


Fuente: SEP, Historia Sexto grado, México, 1999, págs. 36 - 38.


Invasión Estadounidense (1846-1850)

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Las bases fundamentales de la invasión estadunidense a México se dieron en lo que se conoce como "Destino Manifiesto". Este destino manifiesto era un recurso con el que disponían los norteamericanos para extender en la medida de lo posible a otros países su ideología ya fuera por la dominación cultural o bien con la expansión militar. El segundo recurso siempre era más utilizado. Bien a bien no se han sabido cuáles fueron las verdaderas causas por las que Estados Unidos incursionó en territorio mexicano, cualquier excusa sería justificable, sin embargo, sus ansias de expanderse hacia el sur fueron inevitables lo que provocó una guerra a todas luces desigual e inequitativa. En ese momento el presidente de la unión americana era James Polk Knox quien habría advertido al congreso de su país de sus deseos de intervención a su débil vecino del sur, y fue el mismo congreso quien lo motivó a realizar esta invasión, es decir, casi de forma unánime se pronunciaron por esta salvo pocas voces que estaban en desacuerdo, entre ellas la de Abraham Lincoln representante de Illinois.







INDICE GENERAL, HISTORIA DE MEXICO

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