Génesis y evolución del corrido mexicano/Delimitación del tema

III. Delimitación del tema

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Qué entender por corrido


De acuerdo con los fines de este proyecto de investigación, se considerará corrido cualquier composición musical caracterizada por originarse e interpretarse en castellano,[1] dentro de las fronteras actuales de México y aquéllas que haya tenido a lo largo de su historia colonial (preeminentemente las que incluyen la franja ahora perteneciente a Estados Unidos de Norteamérica: Alta California, Arizona, Nuevo México y Texas;[2] tener como intención primaria la relación de hechos (narrativa); evidente carácter popular tanto en lo musical como lo literario, y seguir pautas verbales propicias para la transmisión oral.[3]

Quedan excluidos del corpus los especímenes claramente identificados con las tipologías genéricas propias de la Península Ibérica (modelos sustratales), así como las propias del resto del ámbito hispanoamericano o las que pertenecen a contextos culturales distintos del hispánico.

En cuanto a las piezas cuya clasificación dentro de los géneros populares de México sea ambigua debido a sus rasgos musicales o discursivos, durante el desarrollo del proyecto se determinará, de acuerdo con la afinidad que presenten respecto a los modelos propuestos, cuáles cabría considerar o no subgéneros literarios del corrido,[4] mientras que las versiones criollas de romances introducidos por los colonizadores sólo se considerarán corridos en los casos que la revisión estilística evidencie una clara fragmentación de la estructura original (“en una tirada” de versos) en unidades estróficas menores, y que hayan adoptado las pautas musicales propias del género.[5]


Delimitación diacrónica


Si se considera que el corrido es el género narrativo por antonomasia en la poesía y música populares de México, una necesidad de principio es identificar los primeros rasgos sociológicos y políticos que apunten hacia la creación de identidad nacional o regional, pues sólo cuando se tiene alguna noción de pertenencia es posible crear formas culturales propias.

Al existir indicios de que dicha creación de identidad podría remontarse a la misma Colonia, éste debe ser el punto de referencia inicial para la búsqueda de especímenes, que si bien guardarían estrecho parentesco temático y estilístico con las formas ibéricas (el romance en particular), también deberán presentar rasgos progresivamente disímiles respecto a ellas. En tanto que esta gradual diferenciación permitirá establecer los rasgos propios de un primer modelo[6] para la creación de corridos, en consecuencia será necesario dar seguimiento a realización de éste hasta el fin del siglo XX, sea con relativo apego a sus características originales o en su evolución hacia otros modelos.[7]

En otros términos, el punto de inicio se establecerá alrededor de las primeras fundaciones urbanas coloniales, sólo posibles una vez terminadas las campañas de conquista, pues la sedentarización de los colonizadores en geografías específicas supone el surgimiento de su sentido de pertenencia, y con él, de manifestaciones culturales propias.

Se hará un corte convencional en las proximidades de la Guerra de Independencia, pues está documentada la existencia de un espécimen ya denominado “corrido” y caracterizado por rasgos estructurales propios de un modelo distinto,[8] mismo que será delimitado y al que se dará seguimiento también hasta la actualidad o la fecha más cercana posible.

Como segundo corte convencional, se buscará una data cercana a la consolidación del régimen emanado de la Revolución Mexicana (el Presidencialismo, hacia la década de 1930), pues cabe considerar que con ello se habrán debilitado los móviles que animaban el cultivo del corrido épico, con claras pautas estilísticas, de modelo revolucionario, para dar paso al que aquí se convendrá en llamar “moderno”. Una vez definido éste también se le dará seguimiento, hasta 2001 de ser posible.


Delimitación sincrónica


Bajo el supuesto de que los tres modelos estilísticos y estructurales propuestos en la hipótesis coexisten hasta la actualidad, sea a través de los especímenes contemporáneos de los mismos o los creados a lo largo de la historia nacional (inclusive hasta la fecha presente), y de que el corrido no es un fenómeno aislado en el ámbito hispanoamericano, se considera necesario revisar, aunque sea someramente, las manifestaciones surgidas en otros países hispanoamericanos a partir de las mismas pautas sustratales, al mismo tiempo que algunos ejemplares mexicanos relacionados en mayor o menor medida con el corrido, aunque ajenos propiamente a esta caracterización genérica.

De esta manera, aunque no se excluye en modo alguno la inclusión de versiones cercanas a las originales, siempre se procurará acompañarlas de versiones “vivas”, es decir, vigentes en la memoria colectiva; asimismo, se buscarán especímenes (también “vivos” en la medida de lo posible) de otros géneros populares hispanoamericanos que compartan rasgos estructurales y estilísticos con el corrido, al igual que piezas creadas en México bajo modelos ajenos a la propia música popular hasta fechas relativamente recientes, pero evidentemente sujetos a las mismas pautas literarias de los modelos propuestos.


Referencias

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  1. Esto incluye las realizaciones regionales de la lengua (dialectos), los idiolectos y los pidgin hablados en zonas con intensa convivencia del castellano con otras lenguas (como el espanglis).
  2. Quedan excluidas las modernas entidades de Nevada, Utah, Colorado, Oklahoma, Arkansas y Louisiana, dado que la densidad poblacional de los colonizadores (y de la Independencia a la guerra entre ambos países, de mexicanos) fue mínima, por lo que tampoco existió el grado de presencia cultural que permitiera el desarrollo de manifestaciones análogas a las de México.
  3. Este último rasgo no debe entenderse a priori como el empleo restrictivo de metros o patrones de rima determinados: v. supra, § I, p. 2.
  4. Sería el caso de valonas y bolas, por ejemplo.
  5. Bajo estos criterios, “El enamorado y la muerte” quedaría excluido, por conservar la estructura textual de “una tirada” y las formas melódicas del romance, mientras que “Román Castillo” también sería impertinente al corrido, dado que el grado de ruptura estructural con el romance es mínimo, y nulo en lo musical. Por su parte, “La Delgadina” debe integrarse al corpus, contrariamente a la opinión tácita o expresa de algunas autoridades, ya que su estructura ha sido evidentemente fragmentada en grupos de cuatro versos, y que está plenamente inscrita en las pautas de la música popular mexicana.
  6. El de origen colonial, como se manejará en la hipótesis.
  7. El multicitado de origen revolucionario y el moderno.
  8. “El primer corrido mexicano conocido como tal es el titulado ‘La pulga’, cantado por Pepe Quevedo en la ciudad de México en la época de la Independencia. Al igual que los demás de su género, se inicia con un saludo a los oyentes y termina con una cortés despedida”. Muñoz Saldaña, Luis (coordinador): Enciclopedia de México en CD-ROM. México, Sabeca International; 1999. Versión 2.0 (electrónica). Las cursivas son de quien esto escribe.


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