Ajedrez/Técnica/Teoría de los cuadrantes

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Imaginariamente podemos dividir el tablero de ajedrez en cuatro partes iguales. Esta división facilita la comprensión y el aprendizaje, es por lo tanto una herramienta creativa y pedagógica, que permite formular criterios fiables para la elaboración de ideas y planes.

Los cuadrantes permitirán realizar ejercicios de aprendizaje, que sólo cambiarán en ubicación y color de las piezas.

Formación: al interceptar los dos flancos con los dos territorios, se forman en el tablero de ajedrez, cuatro cuadrados iguales, cada uno con 16 casillas.

Estos cuadrantes también se denominan zonas y las diferenciamos por su ubicación, nombre del flanco y nombre del territorio donde se sitúan:

Cuadrante o zona del rey blanco: h1, e1, e4, h4. Cuadrante o zona de la dama blanca: a1, d1, d4, a4. Cuadrante o zona del rey negro: h8, h5, e8, e5. Cuadrante o zona de la dama negra: a8, a5, d5, d8.

Teoría de los cuadrantes

La centralización:

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Las cuatro zonas cuentan con una casilla de integración localizada en el centro del tablero de ajedrez y están unidas por las cuatro casillas de sus vértices que forman el cuadrado del centro.

Una pieza situada en cualquiera de estas cuatro casillas centrales; e4, d4, e5 y d5; despliega su influencia directa en el cuadrante o la zona de su ubicación e incide fuertemente en todo el tablero, afectando las piezas localizadas en los otros tres cuadrantes.

 
La centralización

Esto nos permite formular una ley que establece que una pieza situada en el centro del tablero de ajedrez ejerce una acción directa e indirecta sobre todas las casillas del tablero, ubicadas en cualquier flanco. Esto es la centralización.

En la práctica podremos resaltar que las estructuras de peones centrales, es decir, un peón ubicado en e4 y otro en d4, crean una barrera que impide el acceso de las piezas del adversario y al mismo tiempo amplían el espacio para ubicar nuestras piezas en estas casillas estratégicas. Causando así el mayor estrago en el campo de juego del adversario.