Relación entre ser y estar

Las explicaciones tradicionales acerca de la oposición entre los verbos Ser y Estar se han basado en muchas ocasiones en las nociones “permanente-transitorio”. El verbo Ser indicaba propiedades que se consideraban permanentes del sujeto (Luis es listo, María es alta, La casa es azul) mientras que el verbo Estar señalaba propiedades accidentales o transitorias del mismo (Luis está delgado, El libro está sobre la mesa, María está enferma). Esta descripción choca inmediatamente con serios problemas: Luis es pobre, Antonio es feliz, María es joven son oraciones en las que no expresamos propiedades “permanentes” del sujeto; por otro lado, con el verbo Estar podemos hacer referencia a propiedades o estados que en absoluto pueden ser considerados transitorios como en Luis está muerto. Además, en muchas situaciones los valores que adquieren Ser o Estar dependen también de los elementos con los que se relacionan en la oración: sustantivos, adjetivos, adverbios...

Por tanto, se hace necesario aportar una descripción de estos dos verbos que explique de una forma adecuada la realidad de su uso y que solucione los problemas anteriores. Las diferencias de uso entre Ser y Estar pueden ser explicadas de una forma más coherente si se tienen en cuenta las nociones de cualidad y estado. Mediante los predicados en los que aparece el verbo Ser el hablante atribuye una cualidad o propiedad al sujeto independientemente de cualquier circunstancia espacio-temporal, es decir, lo que le interesa resaltar es el hecho de que el sujeto posee esa propiedad de forma estable. Por ejemplo, si alguien emite una oración como Luis es pobre está aportando información sobre una propiedad o cualidad que posee Luis y no le interesa la evolución temporal que ha llevado a Luis a ser pobre.

Supongamos que alguien nos manda describir una escultura. En este caso, lo que nos interesa son las propiedades que tiene esa escultura (el material del que está hecha, la forma que posee, el color, la figura que representa...) y no tanto la evolución temporal a través de la cual alguien ha transformado un trozo de piedra o de barro en una obra de arte.

Por el contrario, los predicados en los que aparece el verbo Estar sirven para expresar estados o, dicho de otra forma, situaciones que se han alcanzado después de una evolución temporal. De este modo, cuando un hablante emplea el verbo Estar sí le interesa resaltar las circunstancias espacio-temporales que rodean a una situación: el antes, el durante y el después. Por ejemplo, si alguien emite una oración como Pedro está delgado expresa un estado o situación que es consecuencia de un cambio y que se relaciona con otros momentos anteriores, es decir, cualquier oración con el verbo Estar posee límites temporales que pueden tener que ver bien con el pasado bien con el futuro. Este es uno de los motivos por los que el verbo Estar es compatible con el gerundio, clase de palabra que rechaza sistemáticamente la combinación con el verbo Ser (*Luis es jugando). A través del gerundio expresamos una acción en su desarrollo, es decir, nos interesamos por las circunstancias temporales (el durante, en este caso) que rodean dicha acción o estado. Dado que el verbo Ser implica olvidarse por completo de las circunstancias espacio-temporales que rodean a una determinada situación, es incompatible con el gerundio.

En definitiva, una de las maneras más adecuadas de explicar los usos de Ser y Estar es suponer que las situaciones descritas por Estar, y sus posibles complementos, tienen que ser de alguna forma delimitadas temporalmente, mientras que Ser, y sus posibles complementos, son incompatibles con los límites temporales porque su principal función es la de describir propiedades o cualidades que posee un determinado sujeto, al margen de cualquier circunstancia espacio-temporal.

Pero para poder ofrecer una presentación adecuada de este aspecto de la gramática del castellano tenemos que atender también a los elementos con los que se pueden combinar SER y ESTAR. El principal problema es, sin lugar a dudas, el papel de los adjetivos. Podemos dividir los adjetivos en dos grandes grupos empleando como criterio delimitador el mismo que nos ha servido para distinguir los usos de SER y de ESTAR: la existencia o no de límites temporales (Marín Gálvez 2004 : 37-38). Así, hay adjetivos que expresan propiedades en las que no interesan los límites temporales sino la cualidad en sí (cauto, constante, cuidadoso, (des) cortés, leal, prudente, discreto, justo, mortal, noble, inteligente, odioso, sabio, temerario) Por otro lado, hay adjetivos que expresan cualidades que están claramente limitadas temporalmente(absorto, ausente, borracho, contento, desnudo, descalzo, deseoso, enfermo, harto, lleno, perplejo, quieto, solo, vacío). En consecuencia, los primeros solo se podrán combinar con SER y los segundos solamente con ESTAR. Ahora bien, el comportamiento de los adjetivos en combinación tanto con SER como con ESTAR es algo más complejo. Hay un grupo bastante numeroso de adjetivos que se puede construir con SER y con ESTAR: (alegre, alto, normal, bajo, estrecho, feliz, feo, flaco, gordo, grande, hermoso, inquieto, joven, libre, nervioso, pequeño, orgulloso, tranquilo, viejo, vivo...)

¿Cómo explicamos estos usos de una forma coherente? Para ello vamos a emplear dos conceptos muy sencillos que permiten aclarar dichos contextos: NORMA GENERAL (María es guapa) y NORMA INDIVIDUAL (María está guapa) (Fernández Leborans 1999: 2427).

La primera refleja la intención del hablante de clasificar un objeto o persona de acuerdo con una norma general, válida en una determinada cultura o sociedad y se construye con el verbo SER. En estas construcciones asignamos a los sujetos propiedades en función de una norma general de clasificación de acuerdo con lo que comúnmente se entiende por personas “guapas” (jóvenes, bajas, gordas, viejas, orgullosas...).

La segunda refleja la intención del hablante de clasificar al sujeto mediante un criterio puramente individual que solo se puede aplicar a esa entidad y se construye con ESTAR. En este sentido, la propiedad que se asigna se entiende como una desviación puntual del estado que normalmente corresponde a ese objeto: en María está guapa, María no es considerada una persona guapa según las normas generales sino que puntualmente, debido a un nuevo peinado o vestido, posee esa propiedad, siempre desde el punto de vista individual del hablante.

ReferenciasEditar

  • FERNÁNDEZ LEBORANS, M. J., (1999). “La predicación: las oraciones copulativas”, en I. Bosque & V. Demonte (Eds.), Gramática descriptiva de la lengua española (Vol. 2: 2357-2460), Madrid: Espasa Calpe
  • MARÍN GÁLVEZ, R.(2004). Entre ser y estar. Madrid: Editorial Arco Libros

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