Quehacer Científico Sección 10 Nov Ene 17/La ciencia 3

Historia de la cienciaEditar

La cienciaEditar

Es un sistema ordenado de conocimientos estructurados. Los conocimientos científicos se obtienen mediante observaciones y experimentaciones en ámbitos específicos. A partir de estos se generan preguntas y razonamientos, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.

El comienzo histórico exacto de la ciencia es indeterminable en el tiempo. Se plantea que su surgimiento tiene lugar en el momento "donde se descubre (o se establece) la relación de que unos fenómenos son "causa" y otros "consecuencia".

Condiciones historicas que motivaron la aparicion y desarrollo de la cienciaEditar

El principal objetivo de la ciencia, es explicar el origen de las cosas, de la vida, entre otros. Para esto surgió, y tuvo diversos conflictos con la iglesia, ya que esta no aceptaba las teorias cientificas, pues las mismas iban en contra de lo que postulaba la biblia y consideraban a aquellos que defendian aquellas teorias como erejes o enemigos de Dios, por lo que muchos grandes cientificos en aquella epoca, fueron exterminados junto con sus investigaciones y escritos. La ciencia es un efecto necesario de la división social del trabajo y surge después que el trabajo intelectual se separa del manual y la actividad cognoscitiva se convierte en un género de ocupación específico de un grupo de personas.

Desde la antigüedad existieron en diversas sociedades manifestaciones, más o menos desarrolladas, de interés por comprender al mundo. Estas se pueden calificar de científicas, y están enmarcadas en el período que va desde media dos del primer milenio hasta las puertas de la revolución científica (siglo xv). Estas constituyeron premisas del surgimiento de la ciencia. Dichas premisas se dieron en países del Oriente Antiguo, como Egipto, Babilonia, la India y China. Allí se acumularon y racionalizaron conocimientos empíricos sobre la naturaleza y la sociedad, surgieron los gérmenes de la astronomía, las matemáticas, la ética y la lógica.

El patrimonio de las civilizaciones orientales fue asimilado y transformado en un armónico sistema teórico en la Grecia Antigua, donde surgieron pensadores que se dedicaron especialmente a la ciencia y se deslindaron de la tradición religiosa y mitológica. Desde aquel entonces hasta la revolución industrial, la principal función de la ciencia fue explicativa, y su tarea funda mental consistió en proporcionar el conocimiento necesario para ampliar los horizontes de la visión del mundo y de la naturaleza, parte de la cual es el hombre mismo.

Desde la Antigüedad los conceptos de "ciencia" y "filosofía" eran indisociables, en un esquema de las ramas del conocimiento que desde la Edad Media está presidido por la teología. La separación de los ámbitos de las llamadas "ciencias útiles" y de las llamadas "humanidades", y el fin del uso del latín como lengua científica se fue produciendo con mucha lentitud, y no antes del siglo XVIII; pero ya desde su comienzo en la segunda mitad del siglo XV, la "modernidad" de la "Edad Moderna" significó en primer lugar la secularización del pensamiento y la diferenciación entre "letras humanas" y "letras divinas", paso indispensable para convertir la "filosofía natural" en un dominio autónomo que sólo se sometiera a la razón y a la experimentación, diferenciado del de las ciencias morales, humanas o sociales (diferenciación que posteriormente será lamentada como una escisión intelectual entre dos culturas). Tales subdivisiones fueron produciéndose a medida que el desarrollo de la historia cultural fue haciendo imposible que un "humanista" pretendiera dominar todas las ramas del saber. En torno a 1500 Leonardo da Vinci pudo ser un sabio universal.

Sin embargo, el paso decisivo en la consolidación del pensamiento científico como institución social ocurrió en la Europa Occidental entre 1600 y 1700. En el capitalismo, la ciencia rompió con la visión de sí misma heredada de la antigüedad —como actividad primordial mente centrada en la comprensión intelectual del mundo sin actuar sobre él—, para convertirse en la base de la evolución técnica que caracteriza al mundo moderno, desde la revolución industrial (siglos xviii y xix) hasta nuestros tiempos.

Con la revolución copernicana se inició un conflicto entre la ciencia y la fe: Miguel Servet y Giordano Bruno fueron quemados, uno por los protestantes y otro por los católicos (en realidad las partes más problemáticas de su pensamiento no eran tanto las científicas -circulación sanguínea y heliocentrismo, respectivamente- como las propiamente religiosas, pero la clave residía precisamente en el hecho de que tanto jueces como acusados compartían la convicción de que ambos ámbitos estaban necesariamente vinculados), mientras que Galileo optó por retractarse. El propio Copérnico fue ajeno a tales problemas, al no publicarse su obra hasta después de su muerte. Con un planteamiento muy distinto, Blaise Pascal (Pensées, 1669) concilió su conciencia científica con su conciencia religiosa aplicando una "apuesta" probabilística que le demostraba la conveniencia de mantener creencias sobrenaturales; un fideísmo compartido por algunos católicos, como Pascal, y algunos protestantes, como Pierre Bayle, que llegó a proponer la completa separación de las esferas de la fe y la razón. La condena papal a Galileo no se levantó explícitamente hasta el siglo XX, pero ya en 1741 Benedicto XIV (llamado "el papa de las luces") había otorgado el imprimatur a sus obras completas, una vez que James Bradley había aportado una prueba óptica de la trayectoria orbital de la Tierra. Fue hasta después de la Revolución francesa que fue posible una escena como la protagonizada por Laplace y Lagrange ante Napoleón Bonaparte, en la que se consideraba la existencia de Dios como una mera hipótesis, que había pasado a ser innecesaria para explicar el mundo.

Se entiende por revolución industrial al conjunto de transformaciones económicas y sociales que definieron el punto de partida del proceso de industrialización en general y que tuvieron lugar en Gran Bretaña entre los años 1760 y 1820.La existencia histórica de la ciencia moderna es relativamente reciente y, en términos generales, no se produjo más allá de los albores del capitalismo europeo de los siglos xvii y xviii. Tal coincidencia de origen dejó una profunda marca en el quehacer y en la conceptualización de la práctica científica-concepción instrumental, racionalidad económica que buscaba ganancias máximas mediante la reducción de los costos económicos de producción.

En la segunda mitad del siglo xv comenzó la primera revolución científica que liberó la ciencia del escolasticismo y dio inicio a las ciencias naturales modernas. Mas esta revolución, que duró casi hasta el siglo xviii, no estuvo acompañada por una revolución similar en la técnica, que en ese período toda vía se desarrollaba a partir de los éxitos empíricos obtenidos gracias a su propia práctica. Las invenciones técnicas —aquellos instrumentos o procedimientos mediante los cuales la humanidad se relaciona y transforma su medio y que no implican la utilización de conocimientos científicos, a diferencia de los avances tecnológicos— se debían por lo general a una larga búsqueda empírica, y los descubrimientos esporádicos logrados por uno u otro científico individualmente no se ponían en práctica durante mucho tiempo. Al aparecer la gran producción maquinizada, se crearon las condiciones necesarias para que la ciencia se convirtiera en un factor activo de la producción y se planteó como su principal tarea el conocimiento de la transformación de la naturaleza.

Las Revoluciones CientíficasEditar

Las revoluciones científicas son épocas históricas que marcan un antes y un después a la perspectiva que se tiene de la ciencia y su forma de llevarse a cabo, incluyendo un cambio en el paradigma científico. Las revoluciones científicas tienen una especial relación entre las condiciones socioeconómicas y el entorno intelectual, las cuales pueden cambiar a través de los descubrimientos y el material científico desarrollado en esa época. El creador del concepto de revolución científica es Thomas Kuhn, a través de su libro “La estructura de las revoluciones científicas”. Thomas Kuhn se enfocó en: La historia de la ciencia y de la filosofía de la ciencia centrado en cuestiones conceptuales como qué tipo de ideas eran concebibles en un determinado momento, de qué tipo de estrategias y opciones intelectuales disponían las personas durante cierto período, así como la importancia de no atribuir modelos de pensamiento modernos a autores históricos. Desde esta posición, argumenta que la evolución de la teoría científica no proviene de la mera acumulación de hechos, sino de un grupo de circunstancias y posibilidades intelectuales sujetas al cambio. De todo esto proviene lo que conocemos como las revoluciones científicas.

Las más grandes revoluciones científicasEditar

Aunque en la historia hemos visto una gran cantidad de épocas en las cuales la ciencia ha tomado un gran papel, las revoluciones que más se destacaron son las siguientes:

Revolución Copernicana: La Revolución de Copérnico es el nombre con el que suele conocerse a la revolución científica que se produce en Europa Occidental, representada en la astronomía por el paso del tradicional sistema ptolemaico geocéntrico (herencia clásica adaptada y conservada por el pensamiento cristiano medieval) al innovador sistema copernicano heliocéntrico, iniciada en el siglo XVI por Nicolás Copérnico (cuya obra De revolutionibus, no alude al tradicional concepto de revolución, sino al de ciclo o trayectoria circular de los cuerpos celestes) y culminada en el siglo XVII por Isaac Newton. En gran parte como consecuencia de esta revolución, el panorama intelectual de finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII se considera la crisis de la conciencia europea y abrirá el siglo XVIII como siglo de las luces o de la Ilustración. A esta revolución también se le conoce como revolución astronómica.

Revolución Darwiniana: La revolución darwiniana fue la mayor revolución en las ciencias del siglo XIX. Destruyó el concepto antropocentrista del universo y, ‘causó una gran conmoción en el pensamiento del hombre como ningún otro avance científico desde el resurgimiento de la ciencia en el Renacimiento’ (Mayr, 1972, 987). La revolución darwiniana es la única revolución biológica mencionada en la lista usual de las grandes revoluciones en la ciencia, las cuales son tradicionalmente asociadas con los nombres de científicos de la física. Esta revolución inicia en 1858, cuando Charles Darwin y Alfred Russel Wallace publicaron una nueva teoría evolutiva, que fue explicada en detalle en la obra de Darwin “El origen de las especies” (1859). A diferencia de Lamarck, Darwin proponía la idea de una ascendencia común y un árbol de la vida compuesto por muchas ramificaciones. Esta teoría se basaba en la idea de la selección natural y sintetizaba una gran variedad de hallazgos en varias disciplinas como la crianza de animales, la biogeografía, la geología, la morfología y la embriología.

Revolución Einsteniana: Esta revolución fue producida por Albert Einstein con su teoría de la relatividad. Esta teoría incluye tanto a la teoría de la relatividad especial como la de relatividad general, ambas formuladas por Albert Einstein a principios del siglo XX, que pretendían resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo.

La teoría de la relatividad especial, publicada en 1905, trata de la física del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias, en el que se hacían compatibles las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo con una reformulación de las leyes del movimiento.

La teoría de la relatividad general, publicada en 1915, es una teoría de la gravedad que reemplaza a la gravedad newtoniana, aunque coincide numéricamente con ella para campos gravitatorios débiles y "pequeñas" velocidades. La teoría general se reduce a la teoría especial en ausencia de campos gravitatorios.

Revolución Indeterminista: La revolución indeterminista, que no se refiere al indeterminismo filosófico opuesto al determinismo, sino a la indeterminación: consiste en la superación de la concepción mecanicista o determinista de la ciencia, sobre todo a partir de las tres famosas construcciones teóricas de los años veinte y treinta del siglo XX debidas a Heisenberg, Schrödinger y Gödel, sobre la indecidibilidad, el principio de incertidumbre, la indiferencia y la imposibilidad de eludir la interferencia del experimentador u observador sobre el hecho experimentado u observado.

Dentro de esta se encuentra la revolución cuántica, esta se inició en un periodo anterior, a partir de Max Planck (1900, constante de Planck) y Einstein (Un punto de vista heurístico acerca de la creación y transformación de la luz, uno de los famosos artículos de 1905). Esta revolución cuántica no puede denominarse por un sólo científico, ni siquiera por un único grupo de ellos, equipo o escuela local, dada la gran cantidad que intervino en el complejo proceso que llevó a lo largo del primer tercio del siglo XX hasta la definición de la mecánica cuántica.

La perspectiva científica, Conocimiento científicoEditar

El conocimiento científico es la expresión del método de científico, si la ciencia ha logrado avanzar de la manera en la que ha avanzado es por el desarrollo y perfeccionamiento de su método, es lo que posibilita alejar al hombre de los mitos propios de la naturaleza humana, pero, aunque piensa que la ciencia o el conocimiento científico se establece como marginación de los mitos, esta también a su vez, impone superstición.

Para entender el conocimiento científico, se establece una corriente argumentativa que va desde ejemplos del método científico, pasa por sus limitaciones y características y llega hasta una metafísica científica. En un segundo lugar, se establece una técnica científica, en la cual se emplean métodos experimentales y de observación para la determinación de resultados objetivos a una determinada investigación.

La perspectiva científica se caracteriza por ofrecer una definición operacional de la felicidad que, aunque no comprende toda la complejidad que otras perspectivas consideran sobre este concepto, sí permite su medición. En palabras simples, la felicidad es definida como el grado con que una persona aprecia la totalidad de su vida presente de forma positiva y experimenta afectos de tipo placentero.


Actitud problematizadoraEditar

La adoración hacia la ciencia ha alcanzado su más alto grado, hasta el punto de verse en ella la posibilidad de solución de todos los problemas que pueda tener el ser humano, incluidos los de índole espiritual; la ciencia ha llegado a ser, según la expresión de Ortega, “la fe de que vive el hombre europeo actual”. Pero resulta que, desde hace nada menos que casi siglo y medio, existía ya entre los propios científicos niveles considerablemente altos de desconfianza hacia su propia validez.

Es opinión generalizada que la validez de las ciencias se fundamenta en dos grandes soportes: la experimentación objetiva, es decir, la observación más o menos directa de la realidad, mediante el cual se trata de comprobar (confirmar o verificar) una o varias hipótesis relacionadas con un determinado fenómeno, mediante la manipulación y el estudio de las correlaciones de las variables que presumiblemente son su causa, y la formulación matemática de sus contenidos.

El problema actual de la ciencia hay que inscribirlo en el marco de una profunda actitud de duda respecto a la capacidad humana de conocer. La cuestión se plantea en su filosofía sólo respecto a la posibilidad de encontrar una primera verdad absolutamente segura que pueda servir de fundamento y punto de partida de todas las demás verdades.

La ciencia pues, sería principalmente lenguaje, o sea que contiene una dimensión lingüística, lo que plantea problemas de carácter lógico y semántico. Desde esa perspectiva aparecen los mayores problemas filosóficos como el de la racionalidad y el del realismo.

La ciencia es acción humana orientada hacia el conocimiento, el bienestar y la libertad; y avanza como otras actividades humanas, según la creatividad y la prudencia de las personas.

Cabe preguntarse además por las dimensiones morales de la actividad científica; qué papel desempeñan las emociones; cómo se integra a la vida humana; su sentido político, sus aspectos didácticos, estéticos y comunicativos; el valor y el riesgo de sus aplicaciones; la clase de sociedad desde donde surge y a la que aspira.

La filosofía de la ciencia es el enfoque crítico necesario que puede favorecer la comunicación científica y aumentar la racionalidad de la actividad científica.

Integración de un métodoEditar

Etapas El método integrador consta de cuatro etapas o fases:

1. Constitutiva: En esta fase las partes en conflicto firman el acta de constitución del proceso de mediación donde se les informa del proceso, sus principios y el compromiso que tienen de respetarlos.

2. Individual: Esta fase a su vez se subdivide en dos:

a. Vaciado: consiste en “vaciar” a la persona de la información necesaria que necesitamos para gestionar el conflicto. La escucha activa, el calibraje, el rapport serán técnicas indispensables que el mediador deberá utilizar. b. Integradora: Se llama así porque el/la mediador/a deberá preparar a cada una de las partes para la sesión conjunta, haciendo que “integren” procesos de comunicación y de empatía. Técnicas como la de asociación/disociación, o de motivación, serían aconsejables aplicar en esta etapa dependiendo de cada caso.

3. Conjunta: Una vez preparadas y predispuestas a entenderse las partes, el/la mediador/a gestionará la sesión conjunta hasta que consigan llegar a establecer acuerdos sobre el conflicto en cuestión.

4. Avenencia: Redacción, lectura y firma del acuerdo por las partes y el/la mediador

Lenguaje globalizadorEditar

El inglés es la lengua global actual, que goza de un estatus más universal que el latín, árabe o cualquier otra lengua franca en cualquier momento de la historia. Parte de su éxito sin duda es el hecho de que es una lengua inherentemente anglicanizante, que tiene la facilidad de apropiarse de palabras de otras lenguas, y que desde sus inicios ha sido parte de la naturaleza de la lengua inglesa incorporar ideas, conceptos, y expresiones de otras sociedades y hacerlas suyas (Strevens, 1992: 31). Ahora sucede también al revés y pareciera que el inglés, además, ha desarrollado la capacidad de entrometerse a otras sociedades e inmiscuirse en sus lenguas.

El mundo de la ciencia y tecnología, como parte de la cultura global, genera terminología en la lengua global de la ciencia y de la tecnología, esto es, el inglés. Como la lengua internacional de las tecnologías de la comunicación, el inglés ha contribuido al español y a otras lenguas con vocabulario relacionado con la computación. Palabras como ‘computadora’ e ‘internet’ hacen recurso de elementos grecolatinos en su formación, pero su adopción se realiza a través del inglés, así que se consideran anglicismos. Otros términos pasan como calcos semánticos, traducciones literales, como ‘ratón’ y ‘correo electrónico’, aunque está muy difundido el uso de estos términos sin mayor modificación: email y mouse (pronunciados i-meil y maus). Uno de los ejemplos más notorios en la ciencia es aquel de la teoría que algunos científicos conocerán en español como la de la gran explosión, pero la mayoría conocemos como la teoría del Big Bang, sin necesidad de traducción ni modificación alguna, tal es el big impacto que tiene el inglés hoy en día.

Además de la ciencia y la comunicación, la lengua inglesa domina en la cultura popular global y en el turismo internacional. Resulta interesante que las palabras ‘filme’ y ‘turista’, aparentemente palabras españolas de tradicional etimología grecolatina, también son préstamos del inglés, incorporados desde el siglo XIX. De la misma manera, la palabra ‘pop’, abreviación de la palabra ‘popular’, también es considerada por la RAE como anglicismo, a pesar de su evidente etimología latina, en su acepción como estilo de música y como corriente artístico. Parece ser inevitable utilizar anglicismos en una conversación de temas contemporáneos, pero no siempre somos conscientes del hecho..

La explicación científicaEditar

Una explicación científica es una explicación de un fenómeno a partir de una teoría científica. Una explicación satisfactoria de un fenómeno debe poder dar cuenta de por qué ese fenómeno, y no otro, era de esperarse. Según esta perspectiva, una explicación científica de un fenómeno X es una respuesta a la pregunta "¿por qué sucedió X?", aunque algunos autores sostienen que una explicación es una respuesta a la pregunta "¿cómo sucedió X?".


Modelos de explicaciónEditar

Los intentos filosóficos contemporáneos de la noción de explicación científica pueden clasificarse en tres grandes enfoques: el epistémico, el óntico y el pragmático.

Conviene hacer destacar que estas investigaciones no consisten en una investigación psicológica de los procesos mentales que tienen lugar en los sujetos que comprenden algo gracias a una explicación. Tal estudio, ya sea pertinente e interesante, correspondería no a la filosofía de la ciencia sino a la psicología de la ciencia. En cambio, el enfoque filosófico es puramente conceptual.

Hempel y Oppeneim, por ejemplo, solo tratan los aspectos lógicos de las estructuras explicativas de la ciencia. Otros autores incorporan el aspecto óntico (Salmon, Machamer, etc.) u ontológico (Bunge) de la explicación, pero siempre su cometido es dilucidar el concepto de explicación científica en términos de un modelo o teoría que capture las características centrales de eso que los científicos llaman explicación. También debe quedar claro que este intento no siempre es meramente descriptivo. En algunos casos, los análisis que ofrecen estos autores son también normativos: no solo dicen como son las mejores explicaciones de la ciencia, sino también como debe ser una buena explicación científica.

Modelo epistémicoEditar

El enfoque epistémico se basa en una idea según la cual las explicaciones son argumentos. Ejemplos de la aplicación de este enfoque son los tres submodelos incluidos en el modelo de cobertura legal estudiado principalmente por Hempel, así como la explicación por unificación, propuesta por el estadounidense Michael Friedman, pero cuyo principal propulsor ha sido el británico Philip Kitcher.

Modelo ónticoEditar

El enfoque óntico (tal lo ha llamado W. Salmon) se funda en la idea de que una explicación consiste mostrar cómo el hecho que se desea explicar se ajusta a la estructura causal del mundo. Tal es la base del modelo de explicación causal propuesto por el filósofo norteamericano Wesley C. Salmon. También dentro de este enfoque se encuentran los modelos de explicación científica que invocan mecanismos (causales o no, junto con leyes o con prescindencia de ellas). Entre ellos, los más prominentes son la explicación «mecanísmica» defendida por el argentino Mario Bunge y las diferentes explicaciones mecanicistas descritas por los estadounidenses William Bechtel, Stuart Glennan, Peter Machamer y colaboradores.

Modelo pragmáticoEditar

El enfoque pragmático de la explicación, en versiones de Peter Achinstein o Bas Van Fraassen, se desarrolla a partir de la idea de que las explicaciones responden a preguntas cuyo sentido está condicionado por el contexto pragmático en el que se formula la pregunta.

Referencias bibliográficasEditar

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