Historia del Partido Comunista Paraguayo (1928-1990)/Notas

(1) Al abordar el punto referente al cuasi aniquilamiento del Partido Comunista Paraguayo, es fundamenta] tener en cuenta que además de los factores señalados ha desempeñado un papel muy importante el ataque desde el interior mismo del partido, de dos maneras, a saber:

1. La infiltración de agentes de la dictadura que cooperaron decisivamente en la desarticulación de los organismos, tanto de dirección como de base, mediante la eliminación física de numerosos cuadros; a partir mismo del golpe fascista del 13 de enero de 1947.

No olvidemos que Alberto Báez Raimundo (Chingólo), nada menos que «encargado» del local del partido, en 1946 -durante el período de la fugaz legalidad- fue el entregador de todo el archivo partidario a la policía. Luego, desde la cárcel, donde fue remitido para cumplir su despreciable papel entre los presos, fue incorporado oficialmente a la Policía de Investigaciones, regida por Scorza Fúster. Desde su nuevo puesto fue el elemento clave para identificar a los comunistas y actuar como torturador y asesino de presos políticos en la década del 60, al servicio directo de Insfrán y Colman, junto a Helman e Irrazábal.

Otro caso igualmente grave, es el de «José Dolores», qué llegó a escalar hasta el CC y fue miembro de la Comisión Política y del Secretariado. Por largo tiempo estuvo a su «cargo» el aparato de propaganda y el órgano del partido, «Adelante», este último bajó la dirección de Antonio Alonso. Quedó desenmascarado en el año 1963 -en pleno auge de la represión postguerrillera- y desde entonces presta servicio en dependencias de Investigaciones.

No menos infortunado para el partido es el caso de Taurín Portillo, que fue el hilo conductor que llevó a Pastor Coronel, en 1975, hasta los refugios de Miguel Ángel Soler (secretario del partido), Derlis Villagra (secretario de la FJC) y Rubén González, miembro del CC, todos ellos liquidados en Investigaciones, y luego arrojados en tumbas NN.

No son los únicos, pero son tal vez los casos más graves.

2. Una causa esencial que obstaculizó la consolidación del partido como cuerpo orgánico-ideológico, con fuertes bases en las organizaciones de masas, especialmente de obreros y campesinos -y que eventualmente facilitó los destructores golpes de la dictadura- ha sido la nefasta acción del «culto a la personalidad» de Óscar Creydt, que abarcó, sin atenuantes, prácticamente todo el período de su actuación en el partido.

Desde su incorporación al Partido Comunista fundado en el año de 1928, y que data del año 1933 o 1934, Creydt trajo consigo e imprimió, desde su actuación a la distancia, el sello de su personalidad autoritaria, arrogante y desconsiderada en el trato con los miembros del partido. El culto a su persona, su endiosamiento como el genio hacedor, insustituible e infalible, estaba disfrazado por el manto de una supuesta «lucha ideológica», en la que, en última instancia, él terminaba siempre teniendo la última razón. De esta manera, numerosos cuadros políticos que fueron surgiendo al calor y en el curso de la actividad práctica no tardaban en ser «decapitados» por Creydt, con infamantes calificativos. Las cosas empeoraron desde que en la reunión Ampliada del CC de agosto de 1953 persuadió a los camaradas para que fuera nombrado secretario general del partido, seguidamente a la expulsión del que lo venía del secretario, Antonio Gamarra, bajo graves cargos de dudosa certidumbre, igual que en 1941 se procedió con Aurelio Alcaraz.

Hay que reconocer, no obstante, la importante contribución que en determinado período de la historia del partido hizo Creydt, junto a los otros dirigentes de la primera hora, como Obdulio Barthe, Augusto Cañete para la correcta formulación de la línea política del partido.

En lo que Óscar Creydt a mostró absoluta incapacidad, o falta de deseo y voluntad de superación, fue en el mantenimiento a ultranza de sus posiciones contrarias a la lucha del resto de la dirigencia partidaria contra el «culto a la personalidad», porque ello suponía el abandono de sus métodos autoritarios de ordeno y mando, sin perjuicio de que formulara «severas» autocríticas, periódicamente renovadas. En estas condiciones, agravadas por el hecho de que él pretendía dirigir al partido desde el extranjero, a control remoto, ya que -excepto el breve período de seis meses, durante la actuación legal, en 1946- nunca estuvo en la fragua de la lucha, en el interior del país, inevitablemente la lucha interna debía agudizarse. Al final, Creydt giró hacia posiciones decididamente contrarias a la línea del partido, al internacionalismo proletario y abrazó la causa de los enemigos de la Unión Soviética. En su oposición al resto de la dirección partidaria que habla enfrentado su provocación antisoviética y de ataque al Movimiento Comunista internacional bajo la dirección de M. A. Soler, no dudaba en invocar la supuesta adhesión de dirigentes del partido en largo cautiverio, como los Maidana, Alcorta y Rojas. Estos, desde la prisión, denunciaron este hecho y dieron a conocer una declaración en que expresaban:

«1. Permanecemos inquebrantablemente fieles al principio marxista-leninista del internacionalismo proletario, que es guía permanente de todos los partidos comunistas y obreros.»

«Por esta razón rechazamos categóricamente la actitud de Creydt, que ha renunciado a este principio y ha pasado a una posición de ataque y provocación contra el Movimiento Comunista Internacional y, sobre todo, contra el Partido Comunista de la Unión Soviética.»

«2. Consideramos que la política de coexistencia pacífica del campo socialista encabezado por la Unión Soviética responde a los intereses cardinales de la clase obrera internacional, de todos los pueblos, del conjunto de la humanidad; la lucha por la paz y por la coexistencia pacífica sigue siendo una de las tareas principales de todos los partidos comunistas y obreros y de las fuerzas progresistas de todos los países del mundo.»

«3. Rechazamos categóricamente las calumnias y los ataques malsanos contra el Partido Comunista de la Unión Soviética, especialmente la calumnia de que éste interviene en los asuntos del Partido Comunista Paraguayo. Con estas calumnias, Creydt trata de enmascarar su ruptura con los principios del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario.»

«No podemos seguir tolerando que, aprovechándose de las dificultades que tenemos para comunicamos con el partido, Creydt siga haciendo declaraciones en nuestro nombre, atribuyéndonos posiciones contrarias al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario.»

«4. Por todo lo expuesto, declaramos que hemos resuelto hacer pública nuestra completa ruptura política con el provocador Creydt y nuestro apoyo al Comité Central elegido en la Conferencia Nacional realizada en 1967.» (Transcripción del libro: «Quebracho quiere decir firme», de Petrujin y Churilov.)

Tales son, en líneas resumidas, las alternativas de la lucha que el CC ha librado contra las posiciones políticas de Creydt, que parecía limitarse a la resistencia, a reconocer y superar su método de trabajo autoritario, de mando y el fomento del culto a su personalidad, pero que, al final, demostró ser sólo un aspecto de su vasta traición a la causa que embandera al Partido Comunista Paraguayo.

A mayor abundamiento, está el sustancial documento aprobado en la Conferencia Nacional de 1967, titulado «Relatorio» que, salvando su muy escaso valor autocrítico, según la personal opinión del autor de esta reseña, constituye una formidable acta de acusación contra las maniobras y desvíos de Creydt, desde su misma inserción en el engranaje partidario, y que en gran medida constituyen factores ponderables en la suerte corrida por el Partido Comunista Paraguayo en su vida azarosa de lucha sin descanso contra los regímenes opresivos que se sucedieron en el Paraguay.



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