En persecución/Psicologia/Anticipación

Traductor: Tchaiky Grado de desarrollo: 50% (a fecha de 14:00 1 jul, 2006) Revisor 1: Revisor 2:


En línea con lo expuesto anteriormente en referencia al “panorama general” de la energía y partiendo del conocimiento de la posición del frente y las rutas de vuelo desde y hacia los puntos calientes, es relativamente fácil trazar mentalmente un boceto del cielo en cuatro dimensiones. Es preciso tener presente en todo momento este dibujo mental, y percibir con agudeza la evolución de las distintas ventajas y posiciones. En este aspecto, un solo par de cazas que “se enzarcen” en una zona son suficiente para cambiar de lado el foco de atención, o un caza desesperado huyendo para arrastrar una manada completa de cazas enemigos hacia su pista base, donde causarán en cierta medida una incomodidad para los aviones de su bando que están despegando. Un piloto de élite mantiene esta conciencia situacional de gran alcance todo el tiempo, incluso cuando se encuentra en un combate mano a mano. Este piloto anota cuidadosamente las altitudes, número y perfiles de vuelo de los aviones aliados, cuantos de ellos regresan a base y en que condiciones, hace lo mismo por supuesto en lo que respecta a los aviones enemigos, y es consciente de su posición y altitud en relación a las bases enemigas y las rutas de vuelo. Si no lo hiciese, estaría siempre expuesto a la sorpresa y a situaciones de desventaja. Pensar con antelación y anticipar los movimientos del enemigo se aplica por supuesto al combate individual, y está muy relacionado con la psicología. Permíteme relatar una breve historia que pone en relieve este aspecto. Estaba en mi misión habitual de intercepción de las rutas enemigas de ida, abalanzándome sobre las áreas de despegue por así decirlo y me topé con un Ju-87, siempre comprometido en el aspecto de la CS, en ruta hacia el frente:

Me tiré hacia él desde 3.500 metros y le dejé hecho chatarra ardiendo en una sola pasada, trepando después y en perpendicular al corredor de salida para recuperar la posición. Figurando que el “jockey” del Stuka estaría bastante molesto por el temprano e inoportuno final de su misión y por tanto tomando con toda probabilidad un caza para igualar las cosas, me dirigí hacia el aeródromo enemigo encontrándolo no muy lejos. Tal y como esperaba, un caza solitario trepaba hacia el mismo punto anterior, esperando ver sin duda a su asaltante en paciente espera de su regreso. No parecía comprobar sus seis arriba con mucha diligencia – nada de alabeo o cambio repentino de rumbo – así que me abalancé sobre él, desilusionándolo una vez más.

Cinco proyectiles de cañón de alta explosividad lo enviaron de una pieza al suelo. Después de haber sufrido una segunda emboscada, contaba con que el piloto enemigo estaría bastante prevenido y no tan dispuesto a repetir los errores del pasado desde el mismo punto especialmente porque no tenía compañeros cerca que pudiesen ayudarlo o cubrir sus seis. Otro aeródromo no muy lejano sería probablemente su siguiente elección, desde el cual coger altitud e ir en busca del molesto cazador que le estaba aguando el día. Todo esto me pasaba por la cabeza mientras volvía a coger altitud, ahora a mayor velocidad y menos ángulo de ataque con objeto de cubrir la distancia intermedia al otro aeródromo.

Puedes comprender mi satisfacción al encontrarme con un aparato a mi una en punto abajo dirigiéndose a toda velocidad hacia la posición original. Ajusté el avión (bajando ligeramente el morro para ganar velocidad, trimando hacia delante) dejándolo pasar por debajo de mi a unos 4.000 m. de distancia. No era en este momento más que una pequeña mota. Me abalancé entonces hacia él en una suave curva en persecución anticipada, entrando con buen acercamiento a sus siete en punto abajo, en donde su visión trasera era peor. Medio esperaba que comprobase sus seis en ese momento, para hacerlo más interesante, desafortunadamente no lo hizo. Acercándome a 150 metros, lo cubrí con una cantidad razonable de fuego de ametralladora y cañones, enviándolo de nuevo hacia el suelo dejando una estela de llamas y humo negro. Entonces regresé a base.

Aunque todo esto pueda parecer tremendamente excesivo y poco o nada interesante, y quizá lo sea, sin embargo sirve para destacar la importancia de ponerse en la piel del enemigo y actuar en consecuencia. Después del primer derribo, bien podría haber conservado la posición y haber sido más predecible, y tras el segundo bien podría haber permanecido en el mismo territorio de caza – pero no lo hice. Supuse que el enemigo estaría buscándome, que estaría decidido a vengarse, que seguiría un patrón de comportamiento humano, y lo hizo.

Hay todo tipo de claves en el aire que debes procesar y emplear como base de tus decisiones. Predicción del comportamiento y acción-reacción no es difícil de averiguar, y debe ser lo que gobierne tu comportamiento y perfil de vuelo en cada momento.

Las trazadoras son delatoras mortales en el cielo, al igual que los regueros de humo y las distintas pérdidas de fluidos. Toma debida nota, deduce por el rumbo si son amigos o enemigos, y maniobra para interceptarlos. Dado que un avión herido atrae a los carroñeros más que cualquier otra cosa, mantente alerta con independencia de que vayas a ayudar a un avión aliado o a rematar a uno enemigo, o hagas la cobertura a los que están debajo.

“Pensar con antelación” es siempre un factor. Considera la situación en la que tú y tu escolta os encontráis con un avión enemigo por debajo: en vez de entrar al mismo tiempo, a pocos cientos de metros de distancia, atacando como si de uno se tratase, ¡piensa con antelación! Si el primer caza falla el tiro o no consigue colocar una ráfaga letal, el enemigo realizará inmediatamente una rotura defensiva de evasión del tiro. El segundo caza se encuentra entonces con un tiro muy complicado para el que no está bien posicionado – simplemente no tiene suficiente tiempo de reacción o el AOA (ángulo de ataque) para alinearse para una buena posición de tiro. Y si el primer caza realiza una andanada mortal, el segundo caza es redundante en cualquier caso. La táctica preferible es aumentar la separación entre los dos cazas durante el ataque, a 10-15 segundos o 1000-1500 yardas, para lo cual el segundo caza debe quedar “colgado” en el momento de iniciar el ataque. El efecto final es que, en el supuesto en que el primer caza falla la primera pasada, el segundo caza ataca cuando el enemigo se está recuperando del susto y dirige su avión hacia el asaltante que va alejándose con rapidez. Así pues, un tiro sencillo para el segundo caza. Y en el caso en que el primer caza acierte en su pasada, la separación se reduce fácilmente recortando la curva de retirada tras el ataque.

Pensar con antelación es algo que se pone también de relieve cuando te encuentras patrullando por algún territorio de caza, como por ejemplo un aeródromo enemigo, un objetivo terrestre o una línea de tráfico. Si merodeas un periodo largo en cualquiera de estas zonas, y en particular si eres lo bastante odioso como para conseguir un buen número de derribos, sin duda corres el riesgo de quedarte más tiempo del debido. Al volverte predecible, el enemigo irá formando una fuerza superior en número y altitud que vendrá a dar cuenta de ti. Por tanto, si encuentras una buena posición, no cometas el error de pensar que durará para siempre. Consigue un par de derribos y reubícate en anticipación a la respuesta del enemigo. La pequeña historia relatada al principio de este capítulo puede servir de ejemplo de cómo hacer para no quedarse más tiempo del debido.

Un error típico de principiante es luchar en el momento sin tener un plan o una idea de que hacer más allá de lo que es posible al instante o llevado por el instinto reflejo. Por tanto, el novato apunta su aparato todo el tiempo al enemigo (“¡eh!, volar apuntando todo el tiempo al enemigo es agresivo, ¿no?) y siempre intenta volar por el camino más corto, con independencia del coste y la viabilidad. Considera el tipo que ha estado orbitando un aeródromo enemigo durante varios agonizantes y frustrantes minutos sin tener ni un contacto (¿eh?), vislumbra un enemigo en la pista de despegue e inmediatamente se desliza hacia él para derribarlo -sin pararse a pensar siquiera que el aeródromo está erizado de cañones antiaéreos o que es probable que acabe incrustado en el suelo por una mezcla de exceso de velocidad y fijación en el objetivo. O piensa en el tipo que vuela hacia su oponente, luego gira nuevamente hacia él a un alto coste, mientras que el astuto enemigo vuela alrededor de él sin esfuerzo aparente, lejos de su alcance, juega con él como el torero con el toro, hasta que ha quedado sin aliento y sin opciones.

Cuando entras en combate deberías tener medio planeados los siguientes dos-tres movimientos, y seguir planeando los siguientes dos-tres movimientos mientras ejecutas los primeros. Por tanto, diriges al enemigo, lo obligas a ajustarse a tu plan de acción, y, en el caso improbable de que el enemigo te aventaje, sabrás quien mantiene la iniciativa. Esta forma de volar es propia igualmente del vuelo ofensivo y defensivo. Déjame poner algún ejemplo:

Acercándome de frente al enemigo, decido hacerle una doble finta, después maniobrar en la vertical. Por tanto me dirijo hacia un punto bastante alejado por detrás de él, forzándolo a ajustarse a mi decisión de cómo manejar el combate. Cuando gira hacia mi, giro hacia él mas allá, forzándolo nuevamente a ajustar. Lo veo alabear para ajustarse a mi nuevo rumbo. Nos encontramos ya muy cerca. Me esta siguiendo para intentar un disparo frontal, tal y como esperaba. No se lo voy a dar. Justo al límite de su rango de tiro efectivo, alabeo para cruzar por delante de él trepando ligeramente para mantenerme fuera de su plano de maniobra. Con la oportunidad de tiro malograda, no le queda más remedio que alabear y situar su vector de sustentación sobre mí. Estamos bastante separados del punto de cruce y se perfectamente hacia donde se dirige – debe estar girando con fuerza a babor hacia mí, dado que lo he sobrepasado por la izquierda. Ya se que es mío, desde el instante en que lo vi intentando seguir mi trayectoria antes del cruce. En el siguiente cruce, trepo y alabeo de nuevo bastante por encima de él mientras que él sigue en el proceso de recomponer la postura. Lo veo girar por debajo de mí. Espero el momento preciso. ¿Me perderá por completo de vista y seguirá recto, o recuperará el contacto visual y trepará hacia mí? En el primer caso, todo lo que tengo que hacer es picar hacia él y derribarlo. En el segundo caso, el combate proseguirá de forma siquiera más gratificante. De modo que me ha visto y trepa hacia mí. Tengo ahora una ventaja de energía de dos a uno o superior dependiendo en cuantas “ges” haya puesto en el reverso inicial y subsiguiente trepada. Así pues, me puedo permitir pasar de la posición cuasi-estática a una en suave espiral ascendente. Asciendo con un cuarto de tonel sin perder demasiada velocidad situándolo en prolongación de la línea alar, bastante cerca de la punta del ala. Esta maniobra es el “roupadope”, y ha mordido el anzuelo. Y así prosigue el combate –más o menos según lo planeado.

Las decisiones deben tomarse con rapidez. Contacto alto, cruzando de las 11 a las 5 en punto. Bastante lento. Tengo energía. La diferencia de altitud es aceptable. Disparo frontal entrando desde abajo, reverso para segunda oportunidad de tiro en situación de igualdad de Energía. Ejecutar.

Madeja de combate. Composición desconocida. “Comodines” hacia el este, a distintas altitudes. Comprobar niveles superiores. Despejar contactos en distancia de aproximación de 2 a 3 minutos. Despejado. Atravesar la madeja desde el oeste, disparo a discreción, realizar una chandelle y repetir. Después de la segunda pasada, volver a despejar contactos altos por el este. Ejecutar

Enemigo aproximándose por las nueve alto, examinándome. Giro ligeramente para mantenerlo en visual y prosigo como si no lo hubiese visto. Simular blanco fácil y sorprenderlo. Aquí llega, preparado. Esperarlo. Esperar. Esperar. Ahora – ¡¡tijeras en espiral!!

Nave a las diez abajo, rumbo contrario, nivelado. A velocidad elevada, no maniobra. ¡Entro, entro, entro! Desde las siete alto, me situó rápidamente a las siete abajo, suave trepada haciendo pasada de disparo, alabeo y le floto.

Mal tiro. Libero, me despego.

Se me pega. Sin acercamiento. Dirigirme a un lado. Chandelle si insiste.

Mal movimiento. Pierdo contacto visual. Recupero contacto. Alargo la pasada para quedar libre y empezar de nuevo. Me persigue - ¡bien! Acercamiento moderado. Tiempo de sobra. Es momento para unas tijeras, te lo llevas al huerto. Viene directo, aumentando su acercamiento -¡bien! Aquí vamos, ¡picar y nivelar!¡Fuego, fuego, fuego!

Habla contigo, expresa tus intenciones, comenta tus acciones y anticipa tus opciones, en tiempo real. Hablar solo puede parecer tarado pero es una forma fantástica de aprender y ser consciente de las decisiones que se toman, y, en última instancia, de los errores que se cometen.