Psicología Social de la Comunicación/Conclusiones


La dimensión temporal y la dimensión espacial quedan truncadas en el ciberespacio. En ese sentido, el tiempo y el espacio son subjetivos y a veces compartidos. Por un lado, cuando una usuaria chatea está compartiendo el espacio y el tiempo en esa interacción con las demás, pero por otro lado, tanto el tiempo como el espacio dejan de ser compartidos en los otros usos de la red. En cuanto una se conecta a Internet el tiempo fluye sin tener la más mínima noción de temporalidad, dado que el usuario navega en la red en un movimiento presente (Maffesoli, 1988). Así, el tiempo de afuera de la pantalla transcurre a un ritmo distinto al de dentro de la red. Asimismo, el ciberespacio es multidimensional, y dentro de sus distintas dimensiones presenta otras muchas subdimensiones; cuando una usuaria navega por la red puede “estar” en tres páginas web diferentes a la vez. El tiempo cuando se navega es presente continuo, y en este presente se subjetiviza el tiempo.

El cambio que se esta operando a raíz de las innovaciones en las tecnologías de información y comunicación, que podemos caracterizar como un proceso de postmodernización, nos lleva a replantearnos, pues, estas dos categorías de ordenamiento del magma socionatural: el espacio y el tiempo. La sociedad biotecnológica que estamos construyendo se organiza en redes y en células interdependientes mas que en engranajes jerarquizados, que caracterizaban a la modernidad.

Este fenómeno provoca una transformación de estas referencias clásicas espaciales y temporales, dada la abundancia, variedad, diversidad y acceso instantáneo al universo informacional y relacional. El tiempo hoy es, pues, simultaneo y sincrónico, inmediato, el aquí y el ahora, en un territorio no espacial pero imaginado y vivido como nuevo espacio.

De este modo la naturaleza liminal del espacio chueca, facilita la expresión de procesos de postmodernización. A parte del paso a la instantaneidad y a no-lugares, otro ejemplo de procesos de postmodernización está relacionado con los cambios en la concepción del yo. En el presente, caracterizado por una crisis de valores modernos, el sujeto de una identidad unitaria y fija, pasa a una identidad multifrénica por la saturación social; nuevas identidades en permanente crisis de identidad y que tienden a reafirmarse continuamente a sí mismas, como se ha observado en el foro. (Gergen 1991) La nueva subjetividad tecnoindustrial gestiona una identidad múltiple, multiforme, relacional, fragmentada y contextual que se negocia en las múltiples relaciones sociales que el individuo contemporáneo establece (Cabruja 1996).

Esta continua reflexión sobre uno mismo, si bien permite cuestionar la concepción moderna del sujeto, creemos que no supera la dualidad entre individuo y sociedad. Es más, creemos que este proceso introspectivo de búsqueda y / o reafirmación de uno mismo reafirma la concepción individualista del sujeto, característica del narcisismo de la sociedad de consumo actual. El sujeto se centra en si mismo, y reflexiona sobre si, buscando un yo esencial, de manera que no reconoce el marco social más amplio que lo constituye de forma relacional, y que se caracteriza por determinadas relaciones de poder en un momento sociohistórico concreto (ver los trabajos de Foucault 1979 y Rose 1989, respecto a las tecnologías del yo). Con lo que no se pone en duda ni estas relaciones de poder, ni esta concepción dual e individualista del sujeto moderno. El sujeto hipermoderno / postmoderno parece, mas bien, volverse más complejo. La capacidad de adaptación al cambio, característica de esta etapa, parece reclamar este descentramiento del yo, y una nueva subjetividad.

De este modo, el foro funciona como un diario personal donde las usuarias explican su día a día, y recurrentemente los discursos versan sobre su soledad y su búsqueda de amor y / o amistad asociada a sensaciones de vacío, miedo, confusión e incertidumbre ante la dureza de la vida, vista como una “fatalidad natural”, a la que una sola se ha de enfrentar. A grosso modo, este servicio de interacciones sociales entre las usuarias funciona como una terapia grupal donde estas se apoyan emocionalmente. De ello habla Sherry Turkle cuando destaca el valor psicoterapéutico de muchas C.V., como un elemento motivador de la participación de las usuarias en dichas comunidades. Según Turkle, muchas usuarias aprovechan estas realidades digitales para dejar atrás las cargas de su vida fuera de la pantalla, y encontrar, en estos nuevos mundos por explorar (Levis 1999), nuevas experiencias que no se dan afuera de la pantalla. Esta autora describe Internet como un lugar seguro donde las usuarias pueden expresar sus problemas (modelo de psicoterapia como ventilación) y a la vez como un lugar de reelaboración o reconstrucción de las mismas. Aunque advierte que el éxito no es seguro, cabe el peligro de recrear el mismo tipo de dificultades que se dan en la vida fuera de la pantalla, o de separar su carácter de la pantalla de su yo exterior, de manera que no se incorporan en la autoimagen de estas usuarias, ello dependería de los recursos emocionales de las mismas. Así, el valor psicoterapéutico del espacio chueca es un reflejo del narcisismo contemporáneo postmoderno (Lipovetsky, 1998).